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viernes, 18 de mayo de 2012

De la abolición del capitalismo

Como hemos visto más arriba, la primera etapa de la revolución obrera es la constitución del proletariado en clase directora, la conquista del poder público por la democracia.

El proletariado se servirá de su supremacía política para arrancar poco a poco todo el capital a la burguesía, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado en clase directora, y para aumentar rápidamente la cantidad de fuerzas productivas.

Esto, naturalmente, no podrá cumplirse al principio sino por una violación despótica del derecho de propiedad y de las relaciones burguesas de producción, es decir, por la adopción de medidas que desde el punto de vista económico parecerán insuficientes e insostenibles; pero que en el curso del movimiento se sobrepasarán, y son indispensables como medio de trastornar por completo la producción.

Estas medidas, entiéndase bien, serán muy diferentes en los diversos países. Sin embargo, para los países más avanzados as medidas siguientes podrán ser puestas en práctica:

l° Expropiación de la propiedad territorial y aplicación de la renta a los gastos del Estado;
2° Impuesto fuertemente progresivo;
3° Abolición de la herencia;
4° Confiscación de la propiedad de los emigrados y rebeldes;
5° Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y con el monopolio exclusivo;
6° Centralización en manos del Estado de todos los medios de transporte;
7° Multiplicación de las manufacturas nacionales y de los instrumentos de producción, roturación de los terrenos incultos y mejoramiento de las tierras
cultivadas según un sistema general; 
8° Trabajo obligatorio para todos, organización de ejércitos industriales, particularmente para la agricultura;
9° Combinación del trabajo agrícola y del trabajo industrial, medidas encaminadas a hacer desaparecer gradualmente la distinción entre la ciudad y el campo, y
10° Educación pública y gratuita de todos los niños, abolición del trabajo de éstos en las fábricas tal como se practica hoy; combinación de la educación con la producción material, etcétera.

Una vez desaparecidos los antagonismos de clases en el curso de su desenvolvimiento, y estando concentrada toda la producción en manos de los individuos asociados, entonces perderá el Poder público su carácter político. El Poder público, hablando propiamente, es el Poder organizado de una clase para la opresión de las otras. Si el proletariado, en su lucha contra la burguesía, se constituye fuertemente en clase; si se erige por una revolución en clase directora y como clase directora destruye violentamente las antiguas relaciones de producción, destruye al mismo tiempo que estas relaciones de producción las condiciones de existencia del antagonismo de las clases, destruye las clases en general y, por lo tanto, su propia dominación como clase.

K. Marx y F. Engels, 
(El Manifiesto Comunista
"Proletarios y comunistas")

lunes, 23 de abril de 2012

"Entre el suicidio y la guillotina"

Artículo aparecido en Público el pasado 10 de abril (10/04/2012) y que firma el economista Juan Fco. Martín Seco. Hoy día es algo bien extraño encontrar artículos con esta dirección en las editoriales de los diarios nacionales de gran tirada. Complementa muy adecuadamente la entrada aquí publicada del pasado 2 de abril, más que por la entrada en sí misma (el texto no guardaba, en efecto, relación ni tan solo indirecta), por la dirección (previsible) que tomó alguno de los comentarios que paradójicamente, de modo curioso suscitó.

A pesar de los esfuerzos realizados por la prensa griega para silenciar el suceso, la opinión pública de Europa se ha visto sobrecogida por el suicidio público del farmacéutico griego Dimitris Christoulas, de 77 años de edad, en la plaza Sintagma de Atenas. Este suicidio no es uno más de los muchos que ocurren en Grecia como consecuencia de la crisis. Tiene una importante dimensión política, porque así lo ha querido su autor suicidándose en público frente al Parlamento griego y dejando un escrito que es casi un manifiesto. “Dado que no tengo una edad que me permita responder activamente (aunque sería el primero en seguir a alguien que tomase un kalashnikov), no encuentro otro modo de reaccionar con dignidad que poner un fin decente a mi vida antes de comenzar a rebuscar en la basura para encontrar comida”.

Christoulas, en la nota, hace responsable al Gobierno de Papademos, al que califica de ocupación, de “aniquilar cualquier esperanza de supervivencia” y lanza un grito que pretende ser una profecía: “Creo que los jóvenes sin futuro algún día cogerán las armas y en la plaza Sintagma colgarán a los que traicionaron a la nación lo mismo que los italianos hicieron en 1945 con Mussolini”.  A Papademos le dedica el epíteto de Tsolakoglu, en alusión al que fue primer ministro de Grecia en el Gobierno colaboracionista con los nazis durante la invasión de 1941.

Hace muchos años que los países europeos se han olvidado de las revoluciones a pesar de que su historia está jalonada de ellas, y de que lo que hoy consideramos más propio de la ideología y la cultura europeas hunde sus raíces en la Revolución Francesa. Fue la guillotina la que con todos sus excesos y desórdenes enterró el Antiguo Régimen y sembró el germen de las libertades y de la democracia. Las revoluciones nunca son limpias y suelen seguir la ley del péndulo, pero a menudo han sido elementos necesarios para el progreso y el avance de la historia.

La superación de las revoluciones en Europa fue fruto de un gran pacto entre las fuerzas políticas, económicas y sociales, dando lugar a lo que se ha dado en llamar Estado Social: sometimiento del poder económico al poder político democrático; asunción por el Estado de un fuerte protagonismo en las realidades económicas y en los mercados; un derecho laboral que protege al trabajador frente al puesto preeminente que el empresario disfruta a la hora de establecer las relaciones laborales; un sistema fiscal altamente progresivo que, junto con una extensa red de protección social, pretende corregir aunque sea parcialmente las injusticias y desequilibrios que genera el mercado en la distribución de la renta, etc. Este pacto inscrito en las constituciones europeas ahuyentó las revoluciones como cosa del pasado o bien propias de países tercermundistas o en desarrollo, América Latina, dictaduras en países árabes… Por cierto, que la llamada primavera árabe comenzó también por un suicidio de características muy similares al ocurrido estos días en Atenas.

Hoy podemos afirmar que ese gran pacto, origen del Estado Social, se ha roto y que desde hace años poco a poco se van desmantelando todos sus elementos; hasta el mismo concepto de democracia se nos escurre de las manos. Primero, la libre circulación de capitales y, más tarde, la Unión Monetaria han quitado el poder a los Estados nacionales, ámbitos en los que mejor o peor se asentaba el juego democrático, para otorgárselo a los mercados financieros –eufemismo que designa a los poderes económicos- o bien a las instituciones europeas, políticamente irresponsables y sobre las que los ciudadanos no ejercen ninguna influencia.

Cuando las desigualdades alcanzan proporciones gigantescas, cuando los sueldos y las ganancias de aquellos que imponen los ajustes y la pobreza se sitúan en niveles obscenos, cuando el ciudadano tiene la percepción de que el poder político y el económico se entrelazan en impúdico contubernio, cuando las decisiones vienen dictadas por órganos y personas que nada tienen que ver con los procedimientos democráticos, ¿podemos extrañarnos de que surjan en Grecia posturas como la de Christoulas dispuestas a utilizar el suicidio como acto de protesta? A sus 77 años, según afirma, la única arma que le queda. Es más, ¿podemos sorprendernos incluso de que en algún momento estalle la violencia? Cuando los gobiernos y los sistemas políticos han perdido toda legitimidad democrática y se manifiestan de forma tiránica o como legados de poderes dictatoriales extranjeros las reacciones sociales son impredecibles. La historia nos enseña que de forma imprevista pueden pasar del suicidio a la guillotina.

sábado, 17 de marzo de 2012

El sueño marxista neoliberal (III)


Lo enunciaremos de otro modo: aquello que dicen se está buscando ¿es una salida o una normalización? Obviamente no estamos inventando nada y este pensamiento ya lo han hecho público varios importantes -y no tan importantes- intelectuales.

Si uno se desplaza a lugares económicamente deprimidos, la lógica que hasta ahora nos dictaba la experiencia, dice que la apariencia de las cosas (las casas, los monumentos, las calles y carreteras, todo tipo de infraestructuras, etc.) es en efecto deprimente, reflejo de la situación real del lugar. Si su apariencia mejora significa sin duda que la economía del lugar también. Lo curioso de la catástrofe económica que arremete contra Europa y que parece amenazar implacablemente a España, persistentemente sobrevolada por la crisis, es la no-degradación de lo aparente.

¿No es ilustrativo que se realicen trabajos de "mejoramiento" como fachadas, vía pública, renovación del alumbrado... mientras quienes ordenan estas labores hablan de austeridad y control del gasto? ¿No representa un gasto hasta cierto punto estéril y que desde luego no ayuda a crear ni empleo mínimamente estable ni favorece el incremento del consumo? La pregunta, en definitiva, es ¿por qué mantener la fachada cuando toda la estructura interna está podrida? Y la respuesta se antoja fatalmente simple: en lo sucesivo, ese será el estado habitual.

La apariencia otorga a las cosas la impresión de normalidad. Les otorga cotidianeidad. En este sentido, la crisis está siendo empleada para (o al menos en no poco) normalizar una situación a priori de excepcionalidad. Pero los reajustes tanto en el mercado laboral, que tanto están haciendo cuestionar el rol de utilidad de los sindicatos y el sindicalismo, como de pérdida de soberanía absoluta de los Estados y, por extensión, de su ciudadanía, parecen haber venido para quedarse. La democracia es en efecto cada día más retórica que real.

¿Puede decirse que se quiere salvar el Estado griego y, con él, cualquier otro en situación de quiebra o crisis profunda? En realidad, hoy los gobiernos siguen, siendo un secreto a voces, los dictámenes de especuladores, agencias de rating y demás agentes ajenos al ámbito puramente ciudadano. Por este lado, y en consonancia con la ilustrativa viñeta de arriba, nada habría que nos fuese a decir que éstos mismos actores velarán por nuestros intereses, a la vista contrarios a los suyos. En realidad, el único nexo que mantiene dicha posibilidad es el de una lógica cimentada en un falso presupuesto. El repunte de la economía general -nos dicen- hará mejorar nuestras pequeñas e individuales economías y ello beneficiará las de las empresas, saliéndose así de la crisis.

Quizás saliéndose de la crisis, esto no lo podemos aseverar (ni sí, ni no); quizás... No parece de todos modos nada claro que sea en forma de repunte de nuestras pequeñas economías para que éstas a su vez mejoren los ingresos de las grandes empresas. Pero tanto quienes han promovido la crisis (entidades financieras) como quienes más se están beneficiando con ella (entidades financieras, empresas de Internet, agencias de recalificación o comercializadoras de información como es el caso de, p. e., Google o FaceBook), difícilmente buscarán favorecer el implemento del gasto cuando, en realidad, no venden 'nada'.

Lejos de estar buscándose la salvación de Grecia, o mejor dicho DEL ESTADO GRIEGO, lo que se está persiguiendo (siguiendo una parte antigua aunque sublime de la doctrina neoliberal) es su asfixia, su total y brutal adelgazamiento. Hasta su desaparición.

No es que vayamos a defender aquí que estamos viviendo una regresión al siglo XIX, aunque en muchos aspectos pudiera parecerlo, pero parece más que evidente que está aumentando exponencialmente lo que muchos marxistas de la época siguiendo al propio Marx vinieron a llamar el "esclavo moderno", esto es, la depauperación de los asalariados.

El boom económico que siguió a 1945 fue leído en clave de crisis del marxismo, un error más a sumar entre los diagnósticos realizados luego no cumplidos. Pero resulta irónico comprobar que el sueño de Marx de la destrucción del Estado vaya a acometerlo no el proletariado en tanto germen surgido de la revolución burguesa que venía a negar precisamente a ésta, sino la propia burguesía luego de negarse a sí misma.

sábado, 10 de marzo de 2012

El sueño marxista neoliberal (II)



Posmodernidad, fin de los llamados "grandes relatos", descrédito del marxismo, desprecio condescendiente por las denominadas "utopías" y pesimismo existencialista pudieron dar cobijo a la bajada de brazos, al final de la hegemonía ideológica de izquierda que permitió el salto reaccionario. ¿Cuál era ese escenario político? La identificación del mayo francés, el movimiento hippy estadounidense o los pacifismos con una especie de nihilismo político luego vehiculado en un sentido muy favorecedor para el consevadurismo (no en vano el líder de aquél mayo se convirtió después en lo que puede verse hoy, un valedor del capitalismo y el sistema parlamentarista a él asociado, y con este portavoz de los Verdes europeos quien resulta una ejemplificación de la negación de la pasada política, curiosamente, simpatizan tanto conservadores como socialdemócratas). La primavera de Praga y la crisis y posterior desaparición de la URSS acabaron por materializar una situación que se palpaba y a la cual esto acabó por otorgarle la "prueba irrefutable" de tal sentir.

Es más que seguro que la mejor ejemplificación de todo este clima haya sido una de las que más ha contribuido a todo este lienzo pintado por y para el conservadurismo: la conversión de la socialdemocracia en gestor activo del capitalismo luego de renunciar al marxismo. Hoy son los primeros en llamar a la moderación por encima de las pasiones y/o violencias "irracionales". Renunció a cambiar o siquiera cuestionar el Status quo, del cual nadie niega hoy que sean grandes valedores.

La situación que hoy vive Grecia está cerrando un poco más el círculo del proceso. En contra de lo que pudiera dictar el sentido común, los capitales enviados para 'salvar' al Estado heleno no producirán sino más deuda. No aceptar dicha "ayuda" supondría la quiebra del Estado mismo, que no dispone de capitales. Las condiciones para recibir ésta son, sin embargo, drakonianas, y significarán más recesión y más prolongada, por lo que será casi imposible generar políticas de empleo. Más aún, entre las condiciones que impone la troika figuran la bajada o desaparición del salario mínimo, la desaparición de 150.000 empleos públicos en los próximos tres años o la eliminación de las pagas extraordinarias para todos los trabajadores (los privados, de hecho, ya no disponen de ella).

Para laureados y renombrados economistas (keynesianos, marxistas y hasta algunos neoliberales) estas medidas no podrán en ningún caso hacer aumentar el consumo, factor que consideran (de hecho, que se considera) indispensable para salir de una crisis económica. Cabe preguntarse un aparente barbarismo: ¿realmente se está buscando salir de la crisis?

lunes, 27 de febrero de 2012

El sueño marxista neoliberal (I)


La crisis económica está acentuando las contradicciones del capitalismo. Esto por supuesto ni es nuevo ni exclusivo, pues toda crisis, del tipo o naturaleza que sea, acentúa contradicciones de un tal sistema. Más allá de ello, lo particular está en dos elementos.

Por un lado, la negación del sistema político que elaboró e hizo aupar la clase social que instauró éste sistema económico; por otro, la situación de ironía histórica que esto está generando.

El capitalismo se considera surgió en torno al siglo XV-XVI en el resurgir de la ciudad como entidad colectiva gracias en parte a la crisis del campo, gracias en parte al éxito y promoción de los habitantes del burgo. Su desarrollo destruyó el feudalismo pero para completar la revolución económica hubo de acometerse también la política. Ésta fue ejecutada por los estratos sociales más bajos, por ende numerosos, convertidos en brazo revolucionario. Por supuesto, ello exigió negociación, intercambio y concesiones recíprocas. Se forzó así al absolutismo a ceder el terreno al sistema liberal, con principios democráticos aunque sin democracia, la cual no comenzaría a establecerse realmente hasta después de la Gran Guerra y, sobre todo, tras la Segunda Guerra Mundial.

Tras la primera, amplios sectores burgueses y acomodados, en no poco temerosos de que la dialéctica de la modernidad se los llevase por delante luego de 1917 y el "momento obrero", dieron el soporte necesario a las corrientes contrarrevolucionarias. Y apoyaron el fascismo. Esto obviamente cortó en seco el proceso de democratización, que con la victoria en 1945 de los aliados y los grupos partisanos (los cuales representarían la única cota -si bien alta- de orgullo que podía quedar en lugares como Francia o Italia) sería reimpuesto gracias a la coacción sobre las fuerzas reaccionarias, por un lado, y mediante la hegemonía tanto moral como ideológica sobre el conservadurismo, por otro. Estos grupos, que reunieron a miles de combatientes, no dejaron en occidente de estar articulados desde los partidos socialista y comunista, muy especialmente por el segundo. La influencia a un nivel tanto político como moral de la victoria soviética sobre el nazismo acabó de contribuir a la realización de lo que vino a denominarse el "Estado del bienestar".

Ante esto, podría pensarse que las concesiones hechas a las clases sociales más combativas y por ende comprometidas (que beneficiaron al conjunto de la población, al ampliar los márgenes de la democracia), o mejor, digámosle derechos arrancados a las oligarquías, eran en efecto no deseables por quienes se vieron forzados a emprenderlas. Privilegios perdidos por unos; derechos conseguidos por los otros.

Las izquierdas se sintieron cómodas en una situación que (erróneamente) creyeron parte de un camino que iba inextricablemente hacia adelante. Passolini denunciaría lo que él consideraba un puro espejismo producto de la coyuntura. Bajo su punto de vista, el "bienestar" lo hacía posible no la conciencia colectiva y el fin progresivo de los antagonismos en pos de la connivencia (o la resignación de los poseedores ante la constatación de que la democracia, para progresar, había de hacerlo sobre ellos) sino la bonanza económica; cuando haya desaparecido ésta -dirá Passolini- desaparecerá el espejismo.

Los años setenta, luego de la crisis del petróleo, marcarán el fin de esa bonanza económica, y darán luz a las nuevas concepciones que en torno a la economía habían ido gestándose en Chicago durante la década precedente. Los ochenta representarán la década del fin del progresismo y el re-ascenso del reaccionarismo.

¿Fue, luego de lo dicho, únicamente un triunfo de las coyunturas económicas que lo facilitaron? Este proceso, apenas una década atrás, habría sido impensable.

domingo, 6 de noviembre de 2011

El problema del bipartidismo y el "qué puedo votar"

Estas nuevas elecciones se presentan particulares, especiales. La gente va a votar con menos convicción que nunca, y todos, incluidos aquellos más militantes, no les culpan (ni pueden) por ello.

El bipartidismo hoy parece en tal contexto delirar, y expresa sus miserias y contradicciones como nunca antes lo había hecho en nuestro país. Es de creer que en algún momento este modelo se agotaría, pues además de injusto y mezquino, la misma Constitución española reconocía su carácter temporal, que se justificaba por la necesidad de gobiernos estables en un momento de cambio político profundo. No resulta sin embargo un contrasentido que esto haya ocurrido por una acentuación de factores exógenos.

La coyuntura, como digo, es menos inspiradora, de una monotonía declarada y consciente, y más desoladora que nunca. El desencanto está presente y se está manifestando. Algo bueno, no obstante, tiene esto. El nuevo gobierno, que será con absoluta seguridad otro, será enormemente controlado por la ciudadanía. Poco importará lo que haya hecho el anterior ejecutivo por perder estos comicios, el pueblo tolerará menos que nunca las expresiones que tanto florecen en el bipartidismo: "la culpa es de la mala gestión anterior". No, esto ya no servirá, porque la gente demandará soluciones y renegará de las excusas. No por gusto sino por desesperación. El futuro gobierno será con probabilidad el más controlado 'desde la calle' de esta democracia.

El panorama, por ende, se presenta potencialmente interesante tras la fecha. Algo hay de malo o muy malo: la más que probable mayoría absoluta que seguramente obtendrá el Partido Popular. No lo digo ya porque se trate de éste -que por supuesto también- sino porque en este momento lo que más convendría sería la manifestación del debate, siquiera para revitalizar la vida pública nacional. Algo, por cierto, difícil de conseguir, pues languidece. Parece difícil imaginar un contexto futuro sin cambios en el organigrama, y pienso que muy pocos de los que los ansían y necesitan se conformen con parches.

En un artículo reciente, Isaac Rosa llamaba la atención sobre el hecho de que un partido en el que son muy pocos los que creen y muchos quienes están convencidos que pueda remediar nada, pueda sacar una de las mayorías más abismales de la historia reciente; lo mismo para un partido absolutamente desacreditado y desaprobado pueda obtener en torno a los 120 escaños.

Quizás será interesante comprobar cómo va aumentando el número de votantes a partidos no mayoritarios ("PPSOE"), lo cual hará aumentar la indignación en torno al tinglado electoralista, y serán demandadas reformas. Es muy probable que, paradójicamente, aumente la democracia formal al tiempo que será mermada la real, al seguir eliminando derechos al pueblo.

Me preguntan algunos qué se puede votar y sinceramente no puedo contestar con exactitud por muy claro que tenga mi voto. Son muchos quienes anteponen no sentirse identificados con una tal fuerza política. Y respondo que no me parece cuestión de absoluta importancia. Por algún motivo, desarrollamos esta necesidad dentro del contexto de la democracia partidista, de la partitocracia.

Es un lugar común sugerir mirar los programas políticos. Sigue siendo recomendable hacerlo. Un consejo y sólo uno. Para dirimir su voto: cualquiera sea lo que se vote, habría de ser necesariamente LO OPUESTO, esto es, para quien SE OPONGA a las políticas económicas y sociopolíticas que han traído la crisis y que impiden el libre desarrollo de la expresión ciudadana en su oposición a las mismas, además de su incidencia. Y de esto hay un buen abanico a elegir.

viernes, 28 de enero de 2011

La triste traición de la hoy indigna CC.OO.

«Los sindicatos han subrayado que han logrado "corregir considerablemente" y evitar los "destrozos" que pretendía hacer el Gobierno en el sistema de pensiones. "Una imposición más del Ejecutivo nos habría llevado a una desprotección mucho más amplia. Hemos apostado por ser responsables (…)». Esto podía leerse en Público este mismo viernes.

Tengo que decir —y que se me perdone por la expresión—, que me quito el sombrero ante tantos cojones como están poniendo sobre la mesa los sindicatos mayoritarios. Particularmente lamento, por la parte que más de cerca me toca, la de CCOO. Este ha dejado de ser, en lo sucesivo, mi sindicato referencial. Da lástima ver cómo una organización obrera de la historia de Comisiones, fundada en la clandestinidad en los represivos años sesenta, mayor y muy especialmente por comunistas, haya acabado sirviendo a los intereses del capital. Esta organización da asco y en ningún caso puede ya ser considerada ‘obrera’.

El discurso justificatorio, encima, es molesto por grosero. Cualquiera que lo lea casi tendrá que pensar que hemos ganado algo, casi casi una victoria. Esta política de sanción de los hechos consumados a fin de evitar ‘males mayores’ está empezando a ser tan reiterativa en lapsos temporales cada vez más estrechos, que habría de ser de una vez revisada de un modo radical, es decir, cancelada. La lógica es que si no reculamos, si no cedemos, las consecuencias serán peores. Pues bien, ¿qué hay de malo, entonces, en no recular y aceptar medidas supuestamente (no lo quiero poner en duda ni mucho menos) peores? Hay batallas que aunque se sepa que van a perderse, hay que plantar y mejor si no hay sangre de por medio. Las organizaciones auténticamente obreras deben plantarse y decir, ya de una vez ¡basta! ¡Hasta aquí hemos llegado (nosotros)! Que dejen por fin de ser la herramienta de justificación de toda una serie de políticas que atentan contra la democracia misma, contra el pueblo, y que son presentadas como «pactos». Hasta el Gobierno es capaz de salir, después de paradójicamente proponer medidas más duras, sacando pecho y diciendo que lo que están es salvando las pensiones y que «el acuerdo, creará empleo» (Rubalcaba dixit).

Con declaraciones como estas, no es de extrañar que CC.OO. y UGT estén tan convencidos de que el «acuerdo es bueno», que no se sientan «incómodos» con la reacción que, por ejemplo, ha tenido IU. «De hecho, Cubillo ha indicado que cuando se conozca la dimensión del acuerdo, "se acabará comprendiendo" que éste va a ser uno de los grandes acuerdos de la Democracia». Estoy muy de acuerdo, es un pacto de los mayores y más trascendentales de este país, pero a pesar de la democracia.

Parafraseando a un personaje profundamente despreciable, pocas veces tan pocos han hecho tanto por dar por el culo a tantos.

martes, 7 de diciembre de 2010

La parábola del conflicto de controladores o cómo ser autoritario entre aclamaciones

Se va acabando el puento y comienza a clarearse el panorama. Las intenciones del Gobierno, por si antes y durante el conflicto de controladores no estaban claros, a los más incrédulos puede que les empiece cambiar su percepción de qué es lo que ha pasado o de hecho está ocurriendo.

El anuncio del (potencial) despido de unos 200 controladores por la bravuconada podría hacer parecer que se está anteponiendo la vedetta a la seguridad. Yo personalmente creo que encaja a la perfección en el populismo desplegado por el Gobierno en todo este guirigay, pero por encima de ello, lo que se antoja es nuevamente un camino recto a la realización de recortes en la costosa seguridad aérea.

«De aquí a 2012, Senasa ha ofertado 300 plazas para controladores (48 ya han empezado los cursos). Con ello, habría hasta 472 controladores nuevos y a menor coste, más que los expedientados. A esto se une que se privatizará la gestión de las torres y nuevas empresas, entre ellas la pública Ineco, contratarán a controladores pero previsiblemente con un sueldo mucho menor.» (La negrita está en el original).

El discurso del sueldo y la rentabilidad es lo que ha hecho ir a la brava masa contra los controladores espoleados por la opinión pública (con esto me refiero a los medios) pidiendo justicia divina, es decir, duras represalias. Aparte de que esta estrategia no es muy nueva en la historia que digamos (no daré ejemplos para que no venga el listo (‘anónimo’) de turno a acusarme de manipulador), el odio hacia un colectivo porque representa el estatus que muchos anhelan o simplemente porque enfurece al que no lo posee, como digo, no es nuevo. Y cuando ruge la marabunta, pues ya se sabe, pide sangre. Normalmente, nadie mejor que el que demuestra autoridad (AUTORITARISMO) se hace garante de la confianza de los encolerizados. Sacar los milicos a pasear puede ser una buena prueba de mano dura, pero para que no quede en una anécdota, se puede, como vemos, recortar los deseados gastos en un momento de quiebra estatal echando a quienes han osado desafiar al poder del todopoderoso Estado, literalmente a la calle. Lo dejó muy claro estos días un ministro de netas tendencias autoritarias (no hará falta recordar su gestión durante el felipismo): «quien echa un pulso al Estado, pierde».

Pero el autoritarismo no se ha quedado ahí, y nos lo recordó el presidente de la cámara baja, José Bono, en su discurso de exaltación de la Constitución, con un tono que podríamos decir ‘duro’: «Los únicos culpables (...) son los controladores por haber recurrido al chantaje para defender sus privilegios (...) Ni han vencido en esta ocasión, ni vencerá quien lo intente de nuevo. Nos va demasiado en ello y los culpables deben perder toda esperanza frente a los españoles y frente a la Constitución.»

Ha quedado claro que odiamos a los «privilegiados». Pero, ¿es esto tan claro? El Gobierno quitó el impuesto sobre el patrimonio, lo cual agravaba las rentas más altas y a las clases más privilegiadas del país. Es curioso porque esto no generó ninguna controversia salvo en estrechos márgenes por la izquierda, incluso en círculos del PSOE. Llámenme oportunista pero, qué pasa con notarios, tasadores o mismamente políticos como cualquier senador o diputado —que cobrarán un salario vitalicio tras calentar su escaño una legislatura—. Ni que decir de ciertos empresarios o banqueros. No pongo en duda la decencia y profesionalidad de cualquiera que pertenezca a dichos colectivos, simplemente remarco que existen otros enormemente «privilegiados», tanto o más que cualquier controlador aéreo.

Que nadie se lleve a engaño, yo me confieso: odio ferviente y vehementemente a todos y cada uno de los que puedan ser tachados de privilegiados. Huelga decir que esto tiene matices, pero sucede que lo que gane cada uno es absolutamente indiferente, NO APORTA NADA a la discusión que se está tratando. Como tampoco lo hacen los miles de testimonios, entregados por capítulos, del «perdí mis vacaciones». Lo lamento enormemente por los damnificados, pero a mi como ciudadano me afecta poco o nada sus particulares males, y reitero sinceramente que lo siento por todos y cada uno de ellos.

Por el contrario, lo que me importa como CIUDADANO es que el Gobierno haya sacado otro ‘Decretazo’ como el que propició la pasada huelga general, que se haya saltado el Art. 37 que da fuerza vinculante a los convenios colectivos, que se haya privatizado el 49% de AENA y de LAE para pagar un agujero económico que tiene el Estado por una mala gestión y por haber dado sumas inverosímiles a la Banca (incluyo la reciente Ley de Cajas) para cubrir unos escándalos financieros con los que se han enriquecido increíblemente y que ahora hemos de pagar todos. Un nuevo capítulo del «privaticemos los beneficios y socialicemos las pérdidas». Que todo esto se haya hecho buscando un chivo expiatorio me parece una obviedad, pero me resulta inquietante, por peligroso, el precedente de la declaración del Estado de Alarma para hacer uso de las Fuerzas Armadas para suplir a la sociedad civil en un conflicto civil. Veremos qué ocurrirá en la próxima (cuando quiera que ésta sea) huelga general.

Que la responsabilidad sea compartida —como ya expresé por aquí— entre Gobierno y controladores, por aquello de la ‘acción-reacción’, es algo indiferente. Las vacaciones perdidas no serán recuperadas y cada una de esas historias resultan anécdotas masivas que no tienen ninguna relevancia para nadie más que para quien las ha sufrido. Lo que tiene relevancia para el llamado y tan apelado en la Carta Magna «interés general», es la venta del patrimonio público y la represión que está suponiendo el desenlace del conflicto. Me crea aprehensión y escalofríos el solo hecho de ver las masas indignadas y cabreadas (no les he quitado razón para ello) bramando por el uso de la fuerza, la represión, los despidos colectivos y el fin de los «privilegios».

Tomado asépticamente, lo que ha sido aplaudido es: a) el uso del Ejército; b) la represión sobre un conjunto de trabajadores; y c) la privatización de una empresa. El paso del tiempo imagino que será la lectura que nos deje. Lo he dejado escrito por ahí. En realidad, para hablar de este conflicto, no es ni tan siquiera necesario hablar de controladores.

Habrá que reconocer en algún momento, que esta sociedad tiene más de consumidor que de ciudadano, y nos jode (ilimitadamente) más que nos toquen nuestra potestad de consumidores que nuestros derechos de ciudadanía. Incluso llegamos a confundirlos y solaparlos. Da que pensar que no se hayan enarbolado argumentos muy distintos a los usados contra nosotros en la pasada huelga general o con los trabajadores de Metro Madrid.

Quizás sea pronto para decirlo, pero este ha sido otro lamentable episodio en el ya largo recorrido de la subrogación de la democracia por el mercado.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El PSOE es ya de hecho un partido de derecha

Zapatero rebaja los impuestos a las pymes y quita la ayuda de 426 euros

La sesión del control al Gobierno en el Congreso le ha servido a José Luis Rodríguez Zapatero para anunciar una batería de nuevas medidas de amplio espectro y de gran calado. El presidente del Gobierno ha liquidado la ayuda de 426 euros a los parados de larga duración y sin protección, ha bajado los impuestos a las pequeñas y medianas empresas y has desvelado que se privatizará parte de Aena y de Loterías del Estado.

La medida más impopular es el fin de la ayuda de los 426 euros. El presidente del Gobierno, a preguntas de Mariano Rajoy, afirmó que este programa de prestaciones para parados sin cobertura dejará de funcionar en febrero, fecha en la que se acaba la última prórroga.

Esta medida forma parte de un paquete más extenso en materia laboral: Zapatero adelantó que a partir de ahora los funcionarios públicos de nuevo ingreso se integrarán en el Régimen General y que el Régimen de Clases Pasivas "quedará a extinguir". También anticipó que en el Consejo de Ministros aprobará la regulación de las agencias privadas de colocación.

Zapatero avanzó además que a partir de febrero de 2011 los servicios públicos de empleo contarán con otros 1.500 orientadores, con el objetivo de generar actividad y facilitar la creación de empleo.

Zapatero no se paró ahí. Anunció otra medida muy importante: dijo que el Ejecutivo prepara una rebaja fiscal en el impuesto de sociedades a pymes, así como un cambio en la definición de empresas de tamaño reducido, medidas que, según aseguró, beneficiarán a 40.000 pequeñas y medianas empresas.

El jefe del Ejecutivo explicó que el próximo viernes el Consejo de Ministros aprobará la citada rebaja, que consiste en ampliar la base imponible para las empresas que tributan al tipo reducido, desde los 120.000 euros actuales de facturación hasta los 300.000. Según los datos de 2007, este rebaja de impuestos afectaría a 1.200.000 empresas.

La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, se felicitó por el anuncio de la rebaja de impuestos a las empresas. Recordó que es una de las medidas que ha propuesto su partido y lamentó que no se adoptara antes

Privatizaciones

Por si eso fuera poco, Zapatero informó de que el Gobierno privatizará hasta el 49% de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena) y que los aeropuertos de Barajas y el Prat tendrán gestión privada mediante un régimen concesional.

El jefe del Ejecutivo anunció esta medida dentro de las actuaciones para liberalizar actividades productivas, entre las que también adelantó la privatización del 30% de la sociedad estatal de las Loterías y Apuestas del Estado.

Por su parte, el vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba, en respuesta a una pregunta del PP, ha dicho que con la decisión de "privatizar parte de Loterías y de Aena" se conseguirá "reducir deuda, tener más margen de maniobra presupuestaria" y de esta manera dedicarse "por ejemplo a políticas activas de empleo".

Principales medidas anunciadas por Zapatero

Fin de la ayuda de 426 euros a los parados sin protección. En febrero terminaba la prórroga de este programa de prestaciones. El Gobierno no renovará esa prórroga.

Rebaja fiscal a las Pymes. El presidente anunció una rebaja fiscal en el impuesto de sociedades a pymes. El Gobierno ampliará la base imponible para las empresas que tributan al tipo reducido, desde los 120.000 euros actuales de facturación hasta los 300.000. Es una rebaja de impuestos.

Agencias privadas de colocación. Su regulación se aprobará el viernes en el Consejo de Ministros

Nuevos funcionarios. Los nuevos fuincionarios públicos. Los funcionarios públicos de nuevo ingreso se integrarán en el Régimen General y no en el Régimen de Clases Pasivas, como hasta ahora.

Privatizaciones. El Gobierno privatiza el 49% de AENA y el 30% de las loterías. Los aeropuertos de El Prat y Barajas tendrán una gestión privada.

Público, 1/12/2010. No dejéis de ver el vídeo ahí colgado, con Zapatero anunciando las medidas entre tartamudeos.

miércoles, 14 de julio de 2010

Y ahora, ¡la huelga general!

Como no sólo de circo vive el hombre, habrá que dejar lo antes posible de lado el mayor acontecimiento futbolístico que, si bien de carácter cuatrienal, en esta ocasión pasa a tener para España un valor imperecedero pero que no habríamos de tardar en dejar aparcado por las cosas más mundanas e infinitamente menos banales.

Todo y que en este tiempo de mundial han seguido ocurriendo muchas cosas, entre ellas sin ir más lejos la huelga de los trabajadores del metro de Madrid, que como muchos sabrán aún continúa, y que el mundial no ha restado ni importancia ni relevancia. Me refiero, claro, a real, no mediática.

En nuestro país tenemos un problema desde 1931 —entonces lo tenían las derechas más reaccionarias— con los símbolos nacionales. Problema que en la actualidad se arrastra, por el contrario, desde 1939 por la imposición de otros, que son los actuales. Desde luego, y por lo que a mí respecta, ésos símbolos nacionales no son los míos. No obstante, tengo que decir que me he alegrado de la victoria de la selección en este mundial y por motivos que trascienden con mucho el mero y burdo patrioterismo. Yo no encuentro una contradicción —al contrario que varios de mis amigos— en ‘animar’ a la selección sin tomar como propia la simbología nacional.

Para empezar, no me compraría una camiseta de la selección española ni bajo condición de cambiar la forma del Estado. El problema no es que España sea una Monarquía —lo cual es bastante desagradable por no decir anacrónico— o una República, el problema es mucho más profundo y se refiere a la construcción de los mitos y símbolos nacionales. En este mundial, hemos podido asistir, diría que con más intensidad que nunca, a la rememoración —por lo demás nunca desaparecida— de un nacionalismo de inspiración franquista, muy al contrario de lo que piensan o dicen algunos. Ello se ha visto en los comentarios de los periodistas deportivos —de los cuales sin duda Marca se lleva la palma (por poner sólo un ejemplo)—, en las alusiones en las cortinillas de Tele 5 al imperio con Lepanto, el asedio de Breda, etc., o incluso de gente nacida después de la Transición hacer ‘bromas’ ofensivas para cualquiera con un poco de dignidad encima (por cierto que los enlaces han sido censurados por reclamar Cuatro derechos de copyright; me estaba refiriendo al programa de Santi Millán) en las que se alude o está absolutamente implícito, el imperio y el pasado colonizador españoles. Todo esto es absolutamente vomitivo. Y es que se sigue, aunque muchos no quieran o les cueste reconocerlo, educando en similares valores patrioteriles.

Para más inri, y dado el pasado con que cuenta este país, llamar a la selección La Roja resulta francamente insultante. Primero porque es un producto de mercadotecnia diseñado por Cuatro hace tan solo unos pocos años y al que se ha sumado la gran mayoría de medios y ciudadanía; segundo porque de ‘Roja’ esta selección y sus seguidores no tiene nada. Más de uno habría rechazado de plano o se habría escandalizado ante tamaña propuesta de rótulo hace poco más de una década. Por supuesto, esto se ha conseguido descargando la carga ideológica que en este país habría tenido en otras circunstancias. Esto es deleznable.

Todo esto no hace difícil que uno se sume a la ‘fiesta’, lo hace prácticamente imposible. La revisión de la tenida por tan modélica “Transición” no hace sino evidenciar una cosa que es clara: los símbolos que hoy tenemos de cohesión nacional han sido impuestos y, claro, hay un segmento bastante grande de este país que no los acepta ni tiene porqué hacerlo.

De cualquier manera, tanto los que no aceptan que alguien que posea un DNI en donde en el apartado de nacionalidad figure “española” no anime de modo sine qua non a la selección, como aquellos que no la animan y no entienden que alguien pueda desear que ganen sin aceptar o hacer suyos los símbolos nacionales, poseen dialécticas, aparte de enormemente excluyentes, ampliamente reduccionistas y se escapan por completo a todo ese segmento poblacional —en el que por cierto yo me encuentro— que no hace ni una cosa ni la otra.

Pero como digo, ya pasado el mundial, hay cosas más importantes acontecidas durante el mismo que no habrían de habernos hecho perder de vista en ningún momento que existen cosas más allá del Olimpo futbolístico y que por mundanas, son notablemente más importantes que un deporte. Otras están por acontecer y ciertos escándalos como el de las primas a los jugadores (lucrar al rico con la aquiescencia general) resultan lamentables, pero habría de ser denunciado públicamente como lo que realmente es, una inmoralidad flagrantemente ofensiva, ridícula e inexplicable, mucho más en el contexto socioeconómico que estamos viviendo. Y es que la crisis económica está siendo soterrada progresivamente bajo la sombra efímera del triunfalismo, pasando desapercibido el uso discursivo de ésta para implementar políticas que en cualquier otro momento no podrían llevarse a cabo o serían francamente impopulares. Para colmo de males, el triunfo será utilizado como arma política, cuando hace ya tiempo que tendría que haber caído el Gobierno.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Las malas nacionalizaciones en Latinoamérica

Con noticias como esta, no me extraña que tanto España como el Grupo Prisa y el resto de medios de comunicación tuvieran tanto interés en la desestabilización socio–política en la zona del Cono Sur. Resulta que las bolsas caen por miedo a una “expansión de la crisis a Latinoamérica”. Pero es que tanto el titular como el resto de la noticia tienen su jugo.

Resulta que estos temores vienen fundados —según puede leerse al menos aquí— por el anuncio en la nacionalización de las pensiones en Argentina. Pues claro, no es para menos: resulta que esto ya estaba en el programa electoral de la Presidenta argentina, la cual había sido objeto de todo tipo de acusaciones por parte de los medios españoles y en especial del omnipresente para todo lo malo Grupo Prisa, quien la habían acusado de haber abierto una guerra contra el “pobre” campesinado argentino, a sabiendas claro está que éste supuesto campesinado que protestaba no eran otra cosa que latifundistas, a los que yo, para referirme a ellos hubiera precisado más el término, que puede llevar a engaños y desagradables equívocos como el de considerar a éstos unos pobres parias tipo los jornaleros andaluces.

Es curiosa la correlación de hechos: la bolsa cae cuando se anuncia una nacionalización —deseable y más si se trata de pensiones— de algo tan básico con lo que ya no podrán especular ni enriquecerse los bancos a costa de la gente y claro, sobre lo que repercute es sobre las expectativas del enriquecimiento por índice especulativo, puesto que las previsiones de beneficios —beneficios sobre las pensiones— de los encargados de velar por la jubilación de la gente:

“el fuerte descenso que experimentó este martes la Bolsa argentina, cuyo principal índice, el Merval, cayó un 9,6% con serias caídas de los bancos y aseguradoras que controlan a las llamadas AFJP, Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensiones, y que serán las empresas más afectadas por la decisión del Ejecutivo de Fernández de Kirchner. Entre ellas, el Banco Francés (BBVA), que controla la tercera AFJP del pais -Consolidar- cedió un 15,8% al cierre de los corros”

Repercusiones en el Ibex español que vienen a acentuarse por la pérdida de presencia de empresas como Repsol, Telefónica y el propio BBVA y Santander, por un problema de soberanía nacional que ha comenzado a desarrollarse en prácticamente toda Latinoamérica, y que se materializa en 1) la soberanía popular mediante la ampliación de la democracia y 2) la soberanía del Estado a través del control de sus medios de producción y recursos energéticos.

Pero en fin, supongo que hay lecturas muy variadas y distintas de un mismo hecho, lo que sorprende es que la neoliberal la haga un medio que respalda al PSOE, que supongo que serán casualidades o una simple muestra de independencia, puesto que el Partido Socialista, como bien dijo su Secretario General también actual presidente del Gobierno, no es neoliberal…

Ya ves, y yo sin saberlo.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Crisis financiera mundial

Que conste que esto tenía pensado haberlo publicado hace algunos días, pero por temas de viajes y demás, de verdad que he estado un poco liado y ya hasta se inquietaba alguna manzana eslovena perdida de la mano de Dios entre ateos franceses...
Si bien la crisis es dramática (o eso dicen algunos), no quiere decir esto que no se pueda tribializar o, por lo menos, reirse un poco con todo esto. Dicen de hecho que el buen humor surge en momentos un tanto traumáticos.
Dejo aquí un vídeo de dos humoristas británicos que hacen un número graciosísimo; en serio, que nadie se lo pierda, además explica bastante bien la esencia de la crisis económica...