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lunes, 5 de diciembre de 2011

Fallece Sócrates, el futbolista socialista


Uno de los mejores centrocampistas de la historia del fútbol y de la propia selección de Brasil, en la que fue una de las principales figuras de la que se recuerda como quizás la mejor selección de la historia de dicho país. Falleció ayer, en 4 de diciembre de 2011, consecuencia de una larga enfermedad.

Médico de formación, marxista y opositor reconocido a la dictadura militar, quiso proyectar en el deporte los valores con los que se identificaba y defendía. "Para mí lo ideal sería un socialismo perfecto, donde todos los hombres tengan los mismos derechos y los mismo deberes. Una concepción del mundo sin poder", llegará a decir.

Dejo aquí el enlace a un excelente artículo de El País de ayer, donde se hace un muy buen retrato de su figura. Que la tierra te sea leve.

miércoles, 14 de julio de 2010

Y ahora, ¡la huelga general!

Como no sólo de circo vive el hombre, habrá que dejar lo antes posible de lado el mayor acontecimiento futbolístico que, si bien de carácter cuatrienal, en esta ocasión pasa a tener para España un valor imperecedero pero que no habríamos de tardar en dejar aparcado por las cosas más mundanas e infinitamente menos banales.

Todo y que en este tiempo de mundial han seguido ocurriendo muchas cosas, entre ellas sin ir más lejos la huelga de los trabajadores del metro de Madrid, que como muchos sabrán aún continúa, y que el mundial no ha restado ni importancia ni relevancia. Me refiero, claro, a real, no mediática.

En nuestro país tenemos un problema desde 1931 —entonces lo tenían las derechas más reaccionarias— con los símbolos nacionales. Problema que en la actualidad se arrastra, por el contrario, desde 1939 por la imposición de otros, que son los actuales. Desde luego, y por lo que a mí respecta, ésos símbolos nacionales no son los míos. No obstante, tengo que decir que me he alegrado de la victoria de la selección en este mundial y por motivos que trascienden con mucho el mero y burdo patrioterismo. Yo no encuentro una contradicción —al contrario que varios de mis amigos— en ‘animar’ a la selección sin tomar como propia la simbología nacional.

Para empezar, no me compraría una camiseta de la selección española ni bajo condición de cambiar la forma del Estado. El problema no es que España sea una Monarquía —lo cual es bastante desagradable por no decir anacrónico— o una República, el problema es mucho más profundo y se refiere a la construcción de los mitos y símbolos nacionales. En este mundial, hemos podido asistir, diría que con más intensidad que nunca, a la rememoración —por lo demás nunca desaparecida— de un nacionalismo de inspiración franquista, muy al contrario de lo que piensan o dicen algunos. Ello se ha visto en los comentarios de los periodistas deportivos —de los cuales sin duda Marca se lleva la palma (por poner sólo un ejemplo)—, en las alusiones en las cortinillas de Tele 5 al imperio con Lepanto, el asedio de Breda, etc., o incluso de gente nacida después de la Transición hacer ‘bromas’ ofensivas para cualquiera con un poco de dignidad encima (por cierto que los enlaces han sido censurados por reclamar Cuatro derechos de copyright; me estaba refiriendo al programa de Santi Millán) en las que se alude o está absolutamente implícito, el imperio y el pasado colonizador españoles. Todo esto es absolutamente vomitivo. Y es que se sigue, aunque muchos no quieran o les cueste reconocerlo, educando en similares valores patrioteriles.

Para más inri, y dado el pasado con que cuenta este país, llamar a la selección La Roja resulta francamente insultante. Primero porque es un producto de mercadotecnia diseñado por Cuatro hace tan solo unos pocos años y al que se ha sumado la gran mayoría de medios y ciudadanía; segundo porque de ‘Roja’ esta selección y sus seguidores no tiene nada. Más de uno habría rechazado de plano o se habría escandalizado ante tamaña propuesta de rótulo hace poco más de una década. Por supuesto, esto se ha conseguido descargando la carga ideológica que en este país habría tenido en otras circunstancias. Esto es deleznable.

Todo esto no hace difícil que uno se sume a la ‘fiesta’, lo hace prácticamente imposible. La revisión de la tenida por tan modélica “Transición” no hace sino evidenciar una cosa que es clara: los símbolos que hoy tenemos de cohesión nacional han sido impuestos y, claro, hay un segmento bastante grande de este país que no los acepta ni tiene porqué hacerlo.

De cualquier manera, tanto los que no aceptan que alguien que posea un DNI en donde en el apartado de nacionalidad figure “española” no anime de modo sine qua non a la selección, como aquellos que no la animan y no entienden que alguien pueda desear que ganen sin aceptar o hacer suyos los símbolos nacionales, poseen dialécticas, aparte de enormemente excluyentes, ampliamente reduccionistas y se escapan por completo a todo ese segmento poblacional —en el que por cierto yo me encuentro— que no hace ni una cosa ni la otra.

Pero como digo, ya pasado el mundial, hay cosas más importantes acontecidas durante el mismo que no habrían de habernos hecho perder de vista en ningún momento que existen cosas más allá del Olimpo futbolístico y que por mundanas, son notablemente más importantes que un deporte. Otras están por acontecer y ciertos escándalos como el de las primas a los jugadores (lucrar al rico con la aquiescencia general) resultan lamentables, pero habría de ser denunciado públicamente como lo que realmente es, una inmoralidad flagrantemente ofensiva, ridícula e inexplicable, mucho más en el contexto socioeconómico que estamos viviendo. Y es que la crisis económica está siendo soterrada progresivamente bajo la sombra efímera del triunfalismo, pasando desapercibido el uso discursivo de ésta para implementar políticas que en cualquier otro momento no podrían llevarse a cabo o serían francamente impopulares. Para colmo de males, el triunfo será utilizado como arma política, cuando hace ya tiempo que tendría que haber caído el Gobierno.

sábado, 16 de mayo de 2009

Partido Patriotero (o PP)

Para todo aquél que se sienta muy español este es, sin género de dudas, su partido político o quizás sería más preciso decir: quien se sienta español por encima de absolutamente todo.

Esto no es nuevo y cierto es que, fiel a sus principios, que vienen a coincidir con las grandes e históricas preocupaciones de la derecha más ramplona (aquellos fantasmas de España que nunca parecen irse y que llevan al menos desde algo antes de los años veinte del reciente pasado siglo entre nosotros, en este caso, el "se rompe España"), el PP, como todos sabemos, se mostró muy molesto por el asunto del himno nacional, la Marcha Real; de hecho, se mostró más molesto que nadie y, como corresponde hacer a aquellos que aman España por encima de todas las cosas terrenales (porque, claro, luego vienen las divinas), ha sacado la capa, el antifaz y el arcabuz modernos (o sea, ha ido a los tribunales, en este caso deportivos) para pedir que se sancione al Atlethic de Bilbao y al F.C. Barcelona por la monumental pitada al himno nacional que, parece ser, "nos dan cohesión como Nación", según han argumentado en contra de toda evidencia, porque parece que la realidad es más bien la contraria y viene siendo así desde más o menos 1939.

Dejo a continuación la noticia aparecida en el diario deportivo SPORT:

"El PP ha instado hoy a la Real Federación de Fútbol Español (RFEF) a que sancione al F.C. Barcelona y al Athletic de Bilbao por la pitada de sus respectivas aficiones a los Reyes y al himno nacional durante la final de la Copa del Rey

En rueda de prensa, el diputado del PP por Melilla, Antonio Gutiérrez, ha dicho que aún está esperando "a que la RFEF sancione a los dos equipos, cuyas hinchadas protagonizaron un hecho tan insólito, vergonzoso y lamentable", y se mostró convencido de que si se hubieran coreado gritos xenófobos, "habría caído sobre ellos todo el peso de la Ley".

En ese caso habría "multa al canto a los dos equipos", ha dicho Gutiérrez, quien ha añadido: "no sé si para la RFEF tendrá más importancia que se tire una bengala que este espectáculo, que no sucede en ningún país democrático, y que después vimos en diferido omitiendo imágenes ya cocinadas para demostrar un falso afecto de los que allí estaban".

Según Gutiérrez, es "insuficiente" que tras este capítulo sólo se haya destituido al jefe de Deportes de RTVE, al recordar que durante el partido "se exhibieron pancartas contra la unidad de España, se lanzaron gritos delante del Rey impunemente y se han silbado los símbolos que nos dan cohesión como Nación".

Además, ha criticado que "se esté escondiendo el problema diciendo que eran unos pocos los que gritaban, ya que eran decenas de miles de personas las que coreaban de forma estrepitosa y silbaban los dos máximos signos que tenemos los españoles de unidad, que son la Jefatura del Estado y el himno nacional".

En opinión del diputado del PP, la pitada a los Reyes y el himno nacional es "una anécdota grave", pero es "un problema de fondo" y "una demostración mayoritaria de desafecto hacia los símbolos de unidad de España".

"Lo que ocurrió en Mestalla es el signo de lo que está pasando en la sociedad española", que es "la desvertebración de España como Nación", ha afirmado Gutiérrez, quien ha anunciado que, pese a la destitución del jefe de Deportes de RTVE, mantendrá su petición de comparecencia del director general del Ente Público en el Congreso de los Diputados."


Sólo me queda añadir un par de cosas. Para empezar, lo lamentable que parece que se compare pitar el himno con gritos xenófobos, muy coherentemente por parte del diputado Popular pero a mi entender de realidades incomparables, siendo sin excepción posible mucho más grave la segunda. Para terminar, si "lo que ocurrió en Mestalla es el signo de lo que está pasando en la sociedad española", sin ser yo un amigo de los independentismo catalano-vasco, y es "la desvertebración de España como Nación", pues igual debiera permitirse a esa supuesta (que yo no creo tanto) voluntad popular materializarse, ¿o es que la Una, Grande y Libre Nación Española está por encima de la voluntad popular?

Qué coincidencia, hace algo más de 70 años un tipo bajito, fofo, de bigote y con serios problemas de redacción y analfabetismo funcional opinaba idénticamente. Esperemos que esta vez, desde el norte de África, no vuelva a intentar ser salvada la unidad de la patria.

viernes, 15 de mayo de 2009

Pitar el himno o pitar al Rey

Yo lo del error humano ni me lo creo ni me lo dejo de creer. En este enlace los silbidos bien es cierto que se oyen menos de lo que pudieron oírse por TV3 (como fue mi caso), lo cual da una idea aproximada de lo tratado que puede ser que esté el sonido en diferido. Aqui, en cambio, se oye de modo bien distinto. La cara de Keita, jugador del Barcelona desde luego es un poema, como no menos sugerente resulta ser el patriota vasco que, mano derecha sobre el corazón, escuchó estoico y sin inmutarse por los alborotadores el himno nacional en lo que debió ser, supongo porque sino no me explicaría porqué razón enfocan a este hombre y no lo que parece ser fue la norma, esto es, los que silbaron, la ejemplificación de otros tantos aficionados…

Sea como fuere, aunque no parece haber muchas evidencias, salvo la de conceder un tanto gratuitamente el beneficio de la duda, de que efectivamente se tratase de un error humano, lo cierto es que himno fue, en mayor o menor medida, silbado. Pese a que los medios, una vez el hecho no ha podido ser escondido, apuntan casi al unísono al factor nacionalista-independentista como el detonante de los silbidos, parece contemplarse poco la otra posible variable que, dicho sea de paso, era la que apuntaba Joan Ridao, líder de Ezquerra Republicana de Catalunya: no se silbaba tanto el estatus legal de Catalunya y Euskal Herria como de la propia naturaleza del conjunto del Estado, esto es, la monarquía. La cuestión nacional en estas regiones desde luego amplificó la respuesta del público, pero poco más. Si no, no podría entenderse el escaso margen de representación de que gozan los grupos declaradamente independentistas tanto en los parlamentos regionales como en las Cortes, y no hay más que echar un vistazo rápido para ver que en ambas gobierna el PSOE (PSC y PSE) y, por ende, su proyecto político del conjunto del Estado.

Las sensaciones que deja este episodio es algo que, pese a los medios de comunicación que suelen prestarle nula at
ención al hecho tangible que pudo verse en la final de copa, viene apuntándose desde hace ya años, la de un sentimiento más o menos generalizado de no querer una institución tan atrofiada, arcaica, inoperante, innecesaria e injusta como la de la monarquía.

Pongo más que en duda que se silbara el Himno Nacional en tanto que nacional como en tanto que Marcha Real. Si el problema, a fin de cuentas, en esto como en otras cosas, suele reducirse a lo mismo, al daño que hacen las banderas.

Aquí un tema muy apropiado para la ocasión en dos versiones, igual algún día, quién sabe, podría ser el himno (aunque tiene un matiz católico un poco de otras épocas).

viernes, 26 de septiembre de 2008

"Ahora más que nunca..."

Normalmente, no tengo por costumbre actualizar con algo tan "nimio" como el fútbol (aunque no me atrevo a decir esto sin entrecomillarlo) a menos que considere que puede suponer un fenómeno mediático o de masas significativo, que no considero que en esta ocasión lo sea a no ser para los directos interesados como es este servidor, por lo que haré esta excepción. Para éstos, la ocasión realmente lo merece.

Dejo aquí el artículo de Sid Lowe aparecido en The Guardian el pasado 22 de septiembre y que un buen amigo ha tenido a bien en enviarme.

Articulo de Sid Lowe en 'The Guardian' 22.09.08

Llegaban a lo largo de la playa de San Lorenzo, repleta de camisetas rojiblancas y otras lisas magnificas, a lo largo del río Piles, a través del parque y las calles, cargaban litros de bebida, colgaban banderas de los balcones y bufandas anudadas a las muñecas. Todos ellos fueron allí, los niños con la equipación completa, desde la camiseta a las medias, el tipo que desafiaba a la gravedad con su barriga y el viejo con su gorra lisa y con su insignia, generaciones mezcladas con orgullo en sus solapas, escrito a mano, hace una semana, “todas las localidades vendidas”.

Es el Real Sporting de Gijón contra el Futbol Club Barcelona y fue una gran noche, una por la que habían esperado mas de una década, fue difícil que no se humedecieran los ojos, después de todo, como se dice en español “ ha llovido mucho desde entonces”, especialmente en Gijón. En 1998 el Athletic fue el segundo mejor equipo de la liga, el Recreativo de Huelva bajó a 2ªB, Málaga y Getafe también se establecieron allí, un pequeño equipo que nunca había jugado en primera y que ya nunca la abandonaría, como el Villarreal, se estaba preparando para su primera experiencia en su viaje sin vuelta a la primera división, el Almería ni siquiera existía. En cuanto al Sporting, abandonó tras 27 años su lucha entre los mejores, último de la clasificación a unos colosales 32 puntos de la salvación, bajaron a segunda división, un gran club con una orgullosa historia que debería haber vuelto al año siguiente (desgarrado por los problemas económicos e intromisiones políticas), no lo hicieron .

Hasta ese día el Sporting jugó contra el Getafe y viajó a Sevilla, pero el gran momento llegó finalmente este fin de semana, cuando el Futbol Club Barcelona llegó el domingo por la noche, el Sporting supo que habían vuelto ellos también, una década después.

El club, con 103 años de historia, el estadio más antiguo de España y el Oscar a la mejor película extranjera con el exjugador Antonio Maceda y el actual presidente Manuel Vega Arango, había vuelto a donde pertenecía.

Al fin las cámaras habían vuelto a “El Molinón”, periodistas locales entrevistando a los de medios nacionales e internacionales, apenas podían creer que estuvieran aquí, en Gijón, los fans se reunieron por miles en el aeropuerto y el hotel, incapaces de creer que incluso Leo Messi estuviera también aquí, al fin La Nueva España y La Voz de Asturias podían escribir sobre un equipo de verdad, al fin el Futbol Club Barcelona era el equipo visitante, no el Eibar o el Elche, el Barcelona ¡! al fin los hinchas podían ver a su equipo en portada de las noticias nacionales, al fin el programa de futbol del domingo por la noche abriría con los rojiblancos, al fin Asturias ocupaba el centro del escenario, y no porque un tipo con una extraña mandíbula pudieran conducir un potente coche muy rápido. Y eso era parte de la cuestión, no fue solamente que el gran momento había llegado ese fin de semana a Gijón, fue que el gran momento había llegado para Asturias, trozo del país nunca conquistado por los árabes, hambrientos durante 7 enfermizas temporadas, porque no solo el Sporting había bajado en 1998, su rival, el Real Oviedo los siguió 3 años después, bajando 2 categorías en un verano, sufriendo un descenso en el campo y otro en los despachos de la federación española, quedando finalmente en el grupo 18 de la tercera división. Dos de los grandes clubes del país, incluso ahora 15º y 16º en la clasificación histórica, proveedores de algunos de los más grandes talentos del país, Pichichis y Zamoras entre ellos, dejó a Asturias huérfana – la región más importante sin equipo en primera – peor aún, dejaron el fútbol español huérfano también.

Por esto, mientras que Gijón y Asturias echaron de menos la 1ª división, la 1ª división ha echado de menos a Gijón y Asturias, quizá incluso más. Pregúntenle al presidente del Barcelona que empleó las horas previas contemplando los tópicos regionales; “Laporta baja a la mina ¡!” “Laporta come cabrales” ¡! “Laporta grita Puxa”¡! “Laporta escancia sidra” ¡!, solamente pregúntele a alguien que estuviera en “el Molinón” anoche, porque anoche el Sporting mostró a la primera división española lo que se han estado perdiendo, un auténtico equipo de futbol, con un auténtico estadio de futbol, con auténticos hinchas de futbol, podría parecer un poco derruido, como un campo de subbuteo inacabado, pero en un país en el que habitualmente los ambientes en los estadios son tan aburridos, “El Molinón” es especial, no una de esas porquerías en las afueras sin rastro de alma, un estadio en la ciudad, asentado con dificultad a la orilla del mar, gradas empinadas cerca del césped, con una parte en la que obstinadamente continúan de pie, un estadio que hace un ruido infernal, que salta y rebosa energía antes del inicio del partido, repleto de aficionados que no callan una sola vez, hinchas que a diferencia de la enorme botella de sidra que dio la bienvenida a los jugadores al terreno de juego, nunca se avinagran, continúan con su repertorio y responden a los goles en contra, no con silencio, silbidos o pañuelos blancos, lo hacen rugiendo “Sporting” ¡!

Aficionados que han esperado una década para volver a primera división y están decididos a disfrutar cada minuto, hinchas tan buenos que incluso Samuel Eto los aplaudió tras el pitido final, Pep Guardiola los describió como increíbles y Leo Messi, conjurando imágenes mentales de los frígidos aficionados catalanes añadió “son un ejemplo para los hinchas de cualquier lugar”, “El Molinón es un estadio de verdad” añadió Rafa Márquez, a diferencia del Camp Nou, le faltó decir.
Después de todo, el Camp Nou no recuerda algo como lo que hizo El Molinón anoche, continuar cantando, bailando y botando, incluso si el Barcelona marcaba su sexto gol –si, sexto- para enviar al Sporting a su tercera derrota consecutiva y su segundo peor resultado en casa en toda su historia: 1-6, y hay que frotarse los ojos, porque mientras que el Barcelona fue espectacular anoche y los aficionados del Sporting fueron impresionantes, su equipo no lo fue. El Sporting tiene un puñado de jóvenes buenos jugadores despuntando, descarados para el ataque, pero su defensa es realmente terrible, son los últimos de la tabla, han encajado doce goles en tres partidos y se enfrentan al Madrid y al Villarreal próximamente.

Le ha llevado diez años al Sporting ascender, podría tardar sólo uno en volver otra vez y eso sería una vergüenza terrible para los sportinguistas. Y para España.


Sid Lowe (The Guardian)