domingo, 28 de febrero de 2010

L'educació: un dret vulnertat a Palestina



Els dies 4 i 5 de març la CUNCAP organitza les jornades “L’educació: un dret vulnerat a Palestina”. Aquí us podeu descarregar el programa.

Los días 4 y 5 de marzo la CUNCAP organiza las jornadas “La educación: un derecho vulnerado en Palestina”. Aquí os podéis descargar el programa.

On 4 and 5 March, the CUNCAP organizes the conference “Education: a violated right in Palestine” Here you can download the program.

Barcelona acoge la semana próxima la primera sesión del Tribunal Rusell sobre Palestina


Israel, UE


El Tribunal Rusell analizará en Barcelona la “complicidad” de occidente en el conflicto palestino


El tribunal juzgará en Barcelona la responsabilidad de la UE en Palestina

Yo condeno la muerte de Zapata, no al régimen cubano

No había hecho una entrada al respecto en parte por falta de tiempo y en parte por falta de información. Apenas he visitado la prensa española y como es, en términos absolutos, parcialista, no he querido basarme en ella para escribir.

Los que hablan de Guantánamo como excusa o justificación, creo que se salen un poco de los márgenes, además de forma muy negativa para lo que pretenden argumentar. Guantánamo no entra aquí, en este espacio de discusión, y me parece que son bastante infelices las declaraciones de Raúl Castro cuando le preguntaron por Zapata y terminó su respuesta por Guantánamo. Lo de ésta sobrepasa, ilimitadamente, lo de cualquier cárcel del mundo. Ahora sale Público con un artículo en el que hablan de las nefastas condiciones de los presos en Cuba. Yo no he visitado ninguna cárcel cubana, pero no están ni mucho menos y no siendo muy numerosas ni de grandes dimensiones, abarrotadas como sí lo están, por ejemplo, las norteamericanas, mexicanas o de casi todos los países del mismo continente y el mundo por razones de desigualdad social muy obvias. Pero esto es otra cosa.

Ahora bien, que un preso se muera de hambre por ponerse en huelga y se le haga pasar por "preso político" (categoría que ignoro si tenía, pero las autoridades aseguran que era preso "común"), es algo muy de lamentar, primero para él y su familia y luego para la propia isla.

El artículo de Isaac Rosa me parece crítico. Y la crítica debiera poderse discernir entre la constructiva y la que no lo es. Ésta última es la que puede verse en la práctica totalidad de medios españoles y capitalistas; el artículo de Rosa es en mi opinión de la naturaleza de la primera.

Me parece no tan lamentable (que por supuesto también) como pernicioso saltar defensivamente hasta ponerse en una posición ofensiva ante este tipo de hechos que no tienen ya defensa posible. A mí no sólo me molestan sino que me parecen condenables las declaraciones de personajes de la vida pública y los medios españoles condenando esta muerte cuando apenas unos años atrás, diré que hasta esperaban ansiosos la muerte de un cierto etarra por idéntica huelga.

Para mí, todas las manifestaciones que se han sucedido en medios y blogs condenando este hecho me parecen de simple oportunismo en la segunda acepción que da la RAE. Porque un tipo se muera de hambre por iniciar una huelga no da demasiadas significaciones de ser el régimen que lo había encarcelado una dictadura. Las cárceles estadounidenses no se ponen como ejemplo para hablar de ningún aspecto relativo a la naturaleza del régimen político que las acoge. No quiero ser yo el oportunista; me voy al extremo: Sudáfrica encarceló a Mandela por actividades políticas durante 27 años; nadie tildaba el régimen de este país siquiera de totalitario.

De acuerdo con que si el tal Zapata no era un preso político no se le puede comparar con un etarra, pero si para alguien aquí en España tenía dicha consideración, debiera poner en comparación, pues, la situación de unos con los otros. El régimen cubano dice que no era un preso "político", si alguien más está con ello de acuerdo pues que deje de compararlo.

Me parece, por tanto, un hecho lamentable y perfectamente condenable, pero que poco puede tener que ver con el campo de lo político y, una vez más, me parecen un insulto a la inteligencia contraponer este tipo de noticia como la "prueba definitiva" de que Cuba es una dictadura. Por varias cosas les puede parecer a unos, y por otras o las mismas incluso, a otros no; otro tanto podría decirse de cualquier sistema de democracia occidental. No pretendo ser relativista.

La muerte de Zapata es condenable, y así debiera ser manifestado por IU y el resto de organizaciones que apoyen a Cuba. De ahí a jugar la batalla dialéctica en el campo y con las normas de los que condenan todo el sistema cubano, hay un trecho gigantesco, en el que muchos pueden caer si quieren y de hecho así ha sido. No son cosas indisociables, como algunos querrán ver, la muerte de este preso con el hecho de ser Cuba una dictadura. Si hubieran muerto Aminatu Haidar o el cierto etarra (no estoy comparando ambos, por si a alguno se le pasa por la cabeza) por huelga de hambre, creo que a pocos se les hubiera ocurrido catalogar a España de régimen siquiera represivo.

Yo no quise poner una entrada al respecto, no por esconderme de nada, pues puse el artículo de Isaac Rosa, sino por no entrar en este tramposo juego en el que solemos caer desde la izquierda. Esta entrada responde a los comentarios, habidos o por haber.

sábado, 27 de febrero de 2010

"Así no se apoya a Cuba"

Pensaba opinar sobre la muerte de Orlando Zapata en Cuba, pero al intentarlo me encuentro al otro lado de la línea una centralita automática: “Si opina que Zapata es un héroe de la democracia torturado por la tiranía castrista, pulse uno. Si opina que Zapata es un títere de la gusanera de Miami, pulse dos.” ¿No hay más opciones?

La muerte de Orlando Zapata es una mala noticia. Lo es, por supuesto, para los suyos. Pero también para el gobierno cubano, que enfrenta nuevas formas de disidencia: a los blogueros pueden unirse los huelguistas de hambre, un tipo de lucha de gran fuerza propagandística. Pero no es el huelguista quien más daño hace hoy a la causa cubana. La herida la agravan aquellos defensores de la revolución que difunden por Internet argumentarios retorcidos para justificar lo sucedido.

Así, la insistencia en presentar a Zapata como un delincuente común o un tonto útil (o ambas cosas); la deslegitimación e incluso ridiculización de su protesta; la búsqueda de paralelismos cogidos por los pelos (la comparación con los presos vascos por parte de quienes suelen rechazar el encarcelamiento de batasunos); la denuncia de la menor atención a la represión en otros países (con lo que se acaba admitiendo el carácter político de los presos cubanos); o la mención a Guantánamo, son argumentos torpes e inoportunos, que no rebaten sino más bien refuerzan la campaña mediática contra Cuba, y además extienden las dudas y el desánimo entre los afines.

Si Cuba ha demostrado fortaleza para resistir cincuenta años contra injerencias, ataques, bloqueos y crisis, debería ser también fuerte para admitir la discrepancia, tanto dentro como fuera de la isla, sin que la primera sea causa de castigo y la segunda de escarnio. Las adhesiones inquebrantables, el “o conmigo o contra mí”, la falta de espacio para la discusión, ni amplían ni refuerzan el apoyo a Cuba. Más bien lo debilitan, lo vuelven vulnerable ante la presión poderosa de quienes buscan tumbar la revolución, y hacen que sean más los que duden al pulsar la tecla.

Fuente: Público

domingo, 7 de febrero de 2010

Las paradojas en las democracias capitalistas

El interesante artículo de Noam Chomsky aparecido en The New York Times Syndicate y difundido hoy por Público, resulta sugerente por la enorme trascendencia del hecho que aborda, pero, como suele ser habitual en este escritor, no resulta ser una elaboración teórica compleja sino, por el contrario, un desglose, una deconstrucción, de un acontecimiento transversal y de notable relevancia.

La noticia que aborda no es nueva, como tampoco lo es su temática para este autor, muy preocupado siempre por la pérdida de la soberanía popular en la toma de decisiones de los Estados. Sin embargo, algo apenas tratado por los medios fuera de los EEUU como es la decisión de la tan venerada Corte Suprema de prohibir las cortapisas hasta ahora fijadas en la financiación, por parte de las grandes corporaciones, de las campañas electorales, es de esperar que haya sido por una buena razón, y supongo que se deba a la necesidad de que no se perciba a tan ilustre aliado como la antesala de la desregulación y desarme del Estado que está siendo.

La noticia, como digo apenas abordada fuera de los EEUU, es muy grave. El desgarro entre la base de la que emana el poder y el ejercicio del mismo, es preocupante. Con seguridad más que nunca desde el final de la Segunda Guerra Mundial, como se prueba ya casi a diario.

Y es grave por algo muy evidente que no creo que haga falta decir, pero puestos a dar apunte, poco más elocuente y directo se puede ser que el propio The New York Times cuando afirma que el fallo “golpea el corazón mismo de la democracia [al facilitar] el camino para que las corporaciones empleen sus vastos tesoros para inundar las elecciones e intimidar a los funcionarios elegidos para que obedezcan sus dictados”. La trayectoria de esto venía ya de muy atrás, como apunta muy bien el propio Chomsky, concretamente de 1886 cuando, también la Corte Suprema, dictaminó que las corporaciones podían tener los mismos derechos que los individuos. El problema es que en los últimos años hemos visto acelerarse enormemente esta tendencia, quizás por la pérdida, por muchos celebrada, también o sobre todo desde el dilatado campo de las izquierdas, de las alternativas políticas al sistema capitalista. En mi opinión la relación es directa.

Pero esta lamentable decisión de carácter legal lo que resulta ser es una implementación de una tendencia bien marcada que no es, ni mucho menos ajena al resto de las democracias de corte occidental. Consideradas por el pensamiento hegemónico como una vestal de las libertades individuales —única forma según el discurso oficial de garantizar la libertad y el bienestar colectivo—, nuestros sistemas políticos adolecen no sólo de falta de participación (que es hipócritamente lamentada por medios y gobiernos) sino ya de legitimidad, en tanto que debe ser el pueblo el que la otorgue, pues es de él que emana el Poder.

La teoría no es mala en absoluto, y es de ella por medio de sus imperfecciones, que fueron desarrolladas las teorías alternativas de organización de la vida pública y el Estado, tales como las socialistas. Erróneamente tratadas como totalitarias, las democracias capitalistas han conseguido absorber primero la propuesta socialdemócrata hasta conseguir transformarla en social-liberal, y luego anular las alternativas, principalmente la que de más fuerza y vigor gozó en el pasado siglo XX: la comunista.

Así, en pleno gobierno socialista, en España, ante ­—o mejor dicho, bajo— el condicionamiento discursivo de la crisis económica, se han visto implementadas toda una serie de reformas que paradójicamente resultan ser estructurales. Ello es intrínseca y necesariamente contradictorio con los hechos que estamos viviendo: combatir una situación que se supone y presenta como momentánea, con medidas destinadas a perdurar más allá de dicho acontecimiento. ¿Por qué no tomar únicamente medidas temporales? Tal paradoja es, en efecto, profundamente contradictoria y difícilmente puede ser salvada. La reforma de las pensiones es el último ejemplo de esto que estamos diciendo. Presentándolas como hecho técnico e inevitable, puede fácilmente demostrarse que se trata de una acción política falaz y oportunista. Algo parecido ocurre con lo que nos han dicho toda nuestra vida, que las cosas “cuestan lo que tienen que costar”, ni más ni menos. Y ello, por ser falso, supone uno de los mayores atentados posibles a la soberanía popular, origen primero y último de la legitimidad del Poder.

Y dicha legitimidad resulta ser curiosa, porque pese a ser el principal argumento de quienes gobiernan —medios inclusive—, son muchos los que reconocen el discurso como “muy bonito”, pero la realidad es otra y el mundo funciona “de otra forma”. No nos queda sino que aceptarlo y amoldarnos. En caso contrario, estaremos siendo utópicos, ilusos e incluso infantiles e inocentes individuos. He aquí la fortaleza sobre la que se asienta el sistema: haber convertido lo lógico y lo legítimo —el proyecto de izquierdas en última instancia— en anecdótico.

La des-ligazón de lo político sobre lo económico se enmarca en esta misma esfera, y es la socavación primera de la soberanía. Pero esta batalla, pese a haber sido librada, nunca tuvo visos de poder ser vencida. El ejemplo histórico quizás más claro puede que sea la Declaración de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Dicha declaración no fue firmada por la Unión Soviética, so pretexto precisamente de no contemplar la noción de “derechos económicos”, descargándose el texto sobre los estrictamente políticos, por lo que pedía la incorporación de aquéllos. Por supuesto, la URSS no podía firmar una declaración descargada sobre tales principios, como tampoco los EEUU (y con ellos las democracias occidentales) podían hacerlo sobre la incorporación al texto de la propuesta soviética. Es significativa la sacralización —hipócrita— de la carta de los DDHH (que no se cumplen ni de lejos en ningún país, tampoco en occidente), en tanto que nunca es referida la necesidad de los derechos económicos.

Cómo si no podría permitirse o ser visto como perfectamente legítimo (hasta el extremo de no ser ni tan siquiera un debate) que el hombre más rico de Chile pueda presentarse a unas elecciones que, tras ganarlas, su inmediata, inevitable y podríamos decir que hasta deseada consecuencia, haya sido el sensible incremento de las acciones de sus empresas cotizantes en Bolsa, para regocijo de quienes se verán beneficiados por sus futuras políticas.

Nada tiene esto de extraño si tenemos en cuenta cómo se rige la desprestigiada, inútil y estéril ONU, de la que su órgano de decisión depende únicamente de cinco países y no tiene soberanía sobre otros organismos como el BM o la OMC. Por supuesto, podemos escandalizarnos, hasta consternarnos y apiadarnos de desastres como el de Haití, que en cuanto pase un tiempo dejará de ser noticia, como lo fueron en su día los países afectados por el tsunami, Bam después de otro magno terremoto, etc., etc., etc. Pero la realidad es que, en contra de lo dictado por el slogan de la campaña de UNICEF de ayuda al pueblo haitiano ­—“Haití te necesita más que nunca”—, la cruda y triste realidad es que es diametralmente falso. Hoy hay más de 200 mil haitianos menos que pasen necesidades y la mal llamada “reconstrucción” no puede ser tal, pues poco había antes “construido”. No mucho mejor que Haití están lugares como Sudán, Somalia y un larguisísimo etcétera, como tampoco lo estaba la isla caribeña antes del terremoto. La hipocresía de occidente para con este país bajo el trasfondo de la “crisis humanitaria” es repulsivo, pero merece la pena ver opiniones fuera de los discursos oficiales que analizan la catástrofe (aquí y aquí).

En definitiva, a nivel global tenemos lo que en micro existe en nuestras sociedades de un modo mucho menos acentuado y alarmante, pero que se resume en las relaciones que otorga el capitalismo como consecuencia de su lógica de funcionamiento: la pérdida progresiva de democracia y soberanía, sea esta popular o nacional. Bajo el manto discursivo de la crisis económica, los ricos de nuestros países se han hecho enormemente más ricos. Una paradoja o ironía si se prefiere que logra salvarse gracias a la falta de democracia de nuestras sociedades, pues tal tendencia no es un fenómeno nuevo ni accidental, sino simplemente una aceleración consecuencia de una línea bien marcada anteriormente, que con unos niveles mínimos de representatividad, hubiera sido imposible que tal cosa hubiera acontecido. Pero ello no es de extrañar, puesto que paralela, pero muy “paradójicamente”, los países ricos se hacen cada vez más ricos, al tiempo que los pobres, lo son cada vez más pobres.

domingo, 31 de enero de 2010

"Cuba, para la reflexión"


Estos son tiempos para la reflexión en economía. Tras algunas décadas de predominio neoliberal patrocinado por la escuela de Chicago, la economía mundial se encuentra frente a una crisis de consecuencias imprevisibles, pero en cualquier caso gravísimas. Lo mínimo que se podría pedir al espíritu científico es cambiar los paradigmas, invertir las evidencias, reaccionar, en suma, ante esta bancarrota intelectual que impidió diagnosticar y prever la catástrofe que se avecinaba. ¿Es eso lo que se está haciendo?

Hemos conocido distintas versiones más o menos destructivas del capitalismo, lo mismo que del socialismo. Pero, respecto a la lógica interna que distingue a uno del otro, hay algo que debería hoy interesarnos vivamente. El socialismo puede dejar de crecer, el capitalismo no. El socialismo puede ralentizar la marcha, el capitalismo no.

Pensemos en el ejemplo de Cuba. Al hundirse la URSS, Cuba perdió repentinamente el 85% de su comercio exterior. Su producto interior bruto decreció nada menos que un 33% en términos absolutos. Uno puede hacerse una idea de la catástrofe si se piensa que en Europa nos echamos a temblar ante la perspectiva de perder un punto en el crecimiento previsto. Y a ello se unió un endurecimiento del bloqueo estadounidense. Sin embargo, la gente no murió de hambre en Cuba, no perdió sus zapatos, ni su educación, ni su seguridad social, ni tampoco su dignidad. Lo pasaron muy mal, pero no se enfrentaron al fin del mundo como habría ocurrido con semejantes indicadores en los países capitalistas.

En medio de la actual sacudida, cuando el capitalismo destruye cuerpos en África y puestos de trabajo en España, cuando erosiona sin remedio las condiciones de habitabilidad del hogar humano, cuando para ello tiene al mismo tiempo que recurrir al lubricante de las mafias, al estímulo de los integrismos religiosos, a la restricción de los derechos laborales y al recorte de las libertades, en ese momento, todas las miradas se dirigen, en efecto, hacia Cuba… pero para condenarla y hostigarla. ¿Por qué? ¿Qué pasa allí? ¿El récord de muertos en un solo día? En México. ¿El de sindicalistas y periodistas asesinados? En Colombia. ¿El de pogromos racistas contra inmigrantes? En Italia. ¿Homofobia? En Polonia. ¿Xenofobia institucionalizada y leyes raciales? En Israel. ¿Fanatismo religioso y machismo criminal? En Arabia Saudí. ¿Control de las comunicaciones, suspensión del habeas corpus, tortura, secuestros, asesinatos de civiles? En EEUU. ¿Malos tratos a detenidos, periodistas e intelectuales procesados, periódicos cerrados, corrupción galopante, inmigrantes en centros de internamiento? En España.

Bien, aceptemos que, en este cuadro dantesco, Cuba es apenas un “mal menor”. El que desde Europa y desde España se preste tanta atención negativa al país con menos problemas del planeta –como ha hecho el diputado Luis Yáñez (Público, 9-1-10)– demuestra de sobra, en todo caso, que no es lo malo de Cuba lo que se censura, sino lo que en Cuba se opone a esta lógica dantesca y a sus efectos; es decir, lo que tiene precisamente de bueno.

Los economistas Jacques Bidet y Gérard Duménil recuerdan que lo que salvó al capitalismo en las primeras décadas del siglo pasado fue la organización; es decir, la misma planificación que los liberales identifican horrorizados con el socialismo. Gobiernos e instituciones planificaron sin parar, como siguen planificando ahora, aunque lo hicieron para conservar y aumentar los beneficios y no para conservar la vida y aumentar el bienestar humano. Pero la planificación es ya, como quería Marx, un hecho. Basta sólo cambiarla de signo. En los últimos 60 años, la minoría organizada que gestiona el capitalismo global se ha visto apoyada, a una escala sin precedentes, por toda una serie de instituciones internacionales (el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-8, el G-20 etc.) que han concebido en libertad, y aplicado contra todos los obstáculos, políticas de liberalización y privatización de la economía mundial. El resultado salta a la vista.

¿Y si planificásemos al revés? ¿Y si prestásemos un poco de atención positiva a Cuba? Esto no lo hemos probado aún, pero lo que intuimos en la actualidad es más bien esperanzador: a partir de una historia semejante de colonialismo y subdesarrollo, el socialismo ha hecho mucho más por Cuba que el capitalismo por Haití o el Congo. ¿Qué pasaría si la ONU decidiese aplicar su carta de DDHH y de Derechos Sociales? ¿Si la FAO la dirigiese un socialista cubano? ¿Si el modelo de intercambio comercial fuera el ALBA y no la OMC? ¿Si el Banco del Sur fuese tan potente como el FMI? ¿Si todas las instituciones internacionales impusiesen a los díscolos capitalistas programas de ajuste estructural orientados a aumentar el gasto público, nacionalizar los recursos básicos y proteger los derechos sociales y laborales? ¿Si seis bancos centrales de Estados poderosos interviniesen masivamente para garantizar las ventajas del socialismo, amenazadas por un huracán?

Podemos decir que la minoría organizada que gestiona el capitalismo no lo permitirá, pero no podemos decir que no funcionaría. Según una reciente encuesta de GlobeSpan, la mayoría que lo padece (hasta un 74%) apuesta ya por otra cosa.

En su artículo, el diputado Yáñez decía amar a Cuba. Por eso, le deseaba lo mejor: incorporarse al capitalismo, justo cuando este ha demostrado su fracaso y su incompatibilidad, al mismo tiempo, con el bienestar humano y con la democracia, con la dignidad material y con el derecho. Nosotros no amamos a Cuba: respetamos a sus hombres y mujeres por lo que han hecho y por lo que siguen haciendo. Quizás a Yáñez le tranquilice pensar en Colombia o en Arabia Saudí. A nosotros nos tranquiliza pensar en Cuba, esa isla donde incluso los límites, los problemas, los errores de la revolución señalan inflexiblemente, desde hace 51 años, la posibilidad histórica de una superación del capitalismo y de una alternativa a la barbarie.

Por Santiago Alba Rico, Carlos Fernández Liria, Belén Gopegui y Pascual Serrano para Público.

lunes, 18 de enero de 2010

No sería la primera vez...

"Francia exige a EE.UU. que aclare su papel en Haití.
La UE avisa de que 'es hora de coordinar la ayuda y no de desplegar soldados'. Algunos medios franceses hablan de Haití como el 51 estado norteamericano".

"Chávez acusa a EE.UU. de "ocupar" militarmente Haití.
El presidente venezolano asegura que Obama está enviando 'miles de soldados armados como para una guerra' a la isla caribeña".

Y, entre tanto y ante la evidencia, el Grupo Prisa tiene la respuesta:

"10.000 marines más para evitar el caos en Haití" (el título difiere de la página de "inicio" con el de la noticia: "Unos 10.000 marines más llegarán a Haití en las próximas horas")

¿Ingenuidad o beneficio de duda? Si es que hay dudas respecto de la política exterior estadounidense con Obama, claro.

Puede verse aquí una noticia que, siendo de lo más "neutra", se me antoja especialmente maniquea, tal parece que preparara el terreno a hechos ya consumados. En contraste, podría leerse esta otra, bastante más analítica y documentada; su título es enormemente elocuente.

sábado, 9 de enero de 2010

De eurodiputados y visados

Si bien ciertas cosas no son en nada nuevas, sí lo son realmente cansinas. Y lo son porque discutir según qué y con quién puede ser exasperante por un motivo muy básico más allá de que una postura pueda ser más difícilmente defendida que otras. En este caso concreto, resulta “cansino” defender a Cuba. Y no por un problema de la coherencia política de la isla, si no de lo fatigoso que es ver cómo algunos (digamos la mayoría) son incapaces de ver en la pequeña isla caribeña un país “normal”, al uso.

Hoy publica un artículo de opinión Luis Yáñez-Barnuevo, quien tristemente hubo de regresar a su casa tras unas frustradas vacaciones en La Habana por causa, dice, de unas autoridades gubernativas que no le concedieron permiso para el ingreso en el país. El título ya se las trae, pero desde luego el contenido me parece lamentable y sangrantemente insultante, por cierto como la ilustración que lo acompaña. Por lo demás, habría que decir que está todo lo bien escrito que cabe presuponérsele a un diputado, pero poco más. Las referencias empleadas, además de poco originales, son las panfletarias de siempre o las de moda de ahora, y el uso de cada una denota un cierto conocimiento superfluo de todas ellas. (Por supuesto, dentro de lo escueto que permite vislumbrar dicho artículo).

Las referencias a la “libertad”, aparte de que resulten muy molestas, lo son además baratas y tremendamente maniqueas. Y es que hablar de “desarrollar políticas sociales” y “de igualdad” fuera de los márgenes de “libertad y democracia”, en un sistema capitalista, lo que es sin más es un oxímoron y como tal debiera empezar a ser considerado: capitalismo e igualdad social o del tipo que sea es, sin más, un contrasentido atroz y terrible en tanto que no se tiene por tal. Para los socialistas moderados, la referencia en este caso será siempre Fernando de los Ríos y su más que famoso viaje a la Unión Soviética de 1920. Evidentemente, ni Yáñez ni muchos de los que gustan de usar y abusar la referencia del “¿libertad para qué?” se habrán leído El Estado y la revolución u otros muchos escritos de Lenin. Por supuesto, tampoco el propio de los Ríos, pero quedarse en la pregunta es lo bastante resultista como para que resulte poco tentador tratar de ir más allá. Curiosidades de la vida, hoy Público el que ofrecía era el libro de John Reed, Diez días que estremecieron al mundo, y no el de F. de los Ríos.

“Por todo ello, para mí la lucha contra la patología totalitaria de la derecha –que es el fascismo– y la patología totalitaria de la izquierda –que es el comunismo cuando llega al poder– es la misma lucha”. Aquí quisiera remitir a alguno de los post ya publicados en este espacio (por ej. el anterior), por lo que no insistiré más en esta cuestión, pero comparar fascismo con comunismo debiera dar una idea bien de lo limitado del individuo a nivel de los conocimientos que expone, bien de lo oportunista y malintencionado de sus palabras. Me gustaría saber qué habría dicho una de sus referencias, la de Camus, miembro hasta su expulsión (lo cual no quiere decir que dejase entonces de ser comunista ni mucho menos) del Partido Comunista Francés. En este sentido, supongo que a cualquiera le haya chirriado la afirmación de “es la misma lucha” [contra el fascismo y el comunismo], dado lo ocurrido en los países de la Europa occidental ocupados por los nazis durante la II GM, como muy elocuentemente demuestra el cambio de intención de votos en 1945 desde el socialismo a los partidos comunistas en lugares como Francia, Checoslovaquia, Grecia o Italia.

Otra nota más que gastada es la de Orwell y su libro 1984 que, paradójicamente para todos aquellos que suelen emplearla, sitúa su historia en Inglaterra y no en la Rusia soviética. Ello no era una metáfora, y para quien lo viese exagerado hechos como los de los últimos años están demostrando lo contrario, a la vista de la degeneración de nuestro sistema legal y jurídico en la indefinida batalla contra el terrorismo. “¿Leyeron en mi cerebro?”: pues a la vista de lo reconocido por él mismo que tenía pensado llamar a “sus amigos” en La Habana, podríamos decir que sí, que efectivamente lo hicieron, pero por supuesto Cuba, al igual que todo país, cuenta con servicios de inteligencia y espionaje que se dedican, entre otros menesteres, a controlar este tipo de cosas.

Desinformación o malinformación es la única disyuntiva que habría que resolver en este caso, pues nuestro eurodiputado “yerra” al afirmar que el Partido Comunista Cubano lleva en el poder 52 años, pues pese a ser el único partido legalmente admitido según la Constitución de 1976 (aprobada por cierto en referéndum) no interviene en el proceso electoral ni puede proponer candidaturas.

No entraremos a valorar los supuestos premios a los que Yáñez alude, pero pocas dudas quedarán a la vista de la última edición de los supuestamente más prestigiosos de entre los prestigiosos (los Nobel), del oportunismo y manipulación de este tipo de eventos. Desde luego, las Damas de Blanco no son un feliz ejemplo de represión si no más bien de control de la soberanía nacional. Discutible o no, el que ello pueda ser siquiera cuestionado es en sí motivo más que suficiente como para no tomar pies juntillas el discurso que nos dibuja a este grupúsculo femenino como vestal de la libertad y justicia, cosa que sí lo son, en cambio, las Madres de la Plaza de Mayo, que protestaron enérgicamente por tales comparativas.

Huelga decir, y ya por ir terminando, que en Cuba cualquier autoridad europea o del lugar que sea tiene pleno derecho y permiso para entrar en el país, siempre y cuando (como en el resto de lugares de este mundo) sea para cumplir con su agenda oficial, cosa que no se corresponde con el caso del Sr. Yáñez. Sobra pues decir que “por el contrario, altas autoridades del poder cubano entran sin problemas en Europa y realizan su agenda en el Parlamento Europeo sin la menor cortapisa. Esa es la grandeza de la democracia”. Una vez más, qué gratuito resulta hablar de “democracia” y llenarnos con ella la boca. Podríamos hablar de la Constitución Europea y luego del Tratado de Lisboa, todo según los estrictos filtros democráticos (y 2) (ver si no los titulares aquí) o de las leyes de inmigración europeas o de la distribución social e igualitaria que aludía al inicio Yáñez en las democracias capitalistas. Todo exquisitamente democrático y participativo. Soberanía popular en estado puro, o casi.

Por concluir, tres o cuatro cosas: 1) si en Cuba hicieran como ocurre en, por ejemplo, EEUU o el Estado de Israel, en donde te facilitan un formulario en el que juras los motivos de tu viaje, este hombre estaría legalmente en la cárcel. 2) Si un cubano (o de donde fuese) viniera a España a entrevistarse con el llamado “entramado de ETA” (conglomerado ambiguo en el que entra casi de todo lo que se quiera), se le denegaría automáticamente el permiso de entrada; está, por razones de “seguridad nacional”, absolutamente prohibido. 3) Que “el futuro de Cuba le corresponde decidirlo a los cubanos” no hay ninguna duda, pero que lo diga alguien que iba a reunirse con la disidencia no es muy coherente. Por contra, el hecho de que tras 52 años el consenso social y político de la isla sea el abierto por la revolución es en sí elocuente y lo demuestra la estabilidad política de que goza (otras dictaduras latinoamericanas no dispusieron de ella ni en períodos muy sensiblemente más breves) sobre todo si de lo que hablamos es de un país pobre. Y 4) Que la expulsión del eurodiputado socialista Luis Yáñez-Barnuevo, no fue arbitraria si no acorde a las leyes. Ah, y una más, que para país terrorista, el que justifica las guerras y no el que sufre su política exterior.