miércoles, 30 de julio de 2008

Figuras históricas y demonizaciones mediáticas


El otro día, buscando un discurso de Fidel Castro por Internet encontré, por contra, otro de Salvador Allende. Me ha parecido oportuno y sugerente actualizar con una pequeña reseña.

Todo el mundo le tiene un inmenso aprecio o, mejor dicho, le tiene —sobre todo— un inmenso respeto a su figura que, por mérito propio, ha adquirido la trascendencia de histórica. Sin embargo, conviene recordar —que para eso tiene un alto grado de utilitarismo la historia— que no siempre fue así.

Mi intención era la de no escribir demasiado pero prometo volver sobre esta figura que también a mí parece absolutamente admirable.

Allende trató de hacer realidad un principio que ahora, más de treinta años después, otros tratan de hacer cumplir: devolverle —si es que alguna vez tuvo oportunidad de tenerla— la soberanía al Pueblo, lo cual ha de pasar necesariamente por la adquisición, por parte de cada nación, de la soberanía a nivel nacional e internacional, como aseveró memorablemente Salvador Allende ante las Naciones Unidas.

Hoy no se denuesta a Allende, sino a sus homólogos actuales —Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa y por supuesto a Fidel Castro, imperecederamente demonizado— que, como dijera hace ya varios años un profesor mío, los héroes de hoy son los demonios del pasado. Entre éstos, mencionó tres grandes figuras como Ho Chi Minh, Patrice Lumumba y Ernesto “Che” Guevara. Todos ellos, en la opinión pública de entonces, pasaron por supuesto por villanos y sin embargo hoy son reconocidos universalmente. Valga el ejemplo del hoy tan aclamado Nelson Mandela, quien pasó 20 años de su vida en la cárcel y que pocos sabrán que era el Secretario General del Partido Comunista de Sudáfrica.

Todos ellos, los de ayer como los de hoy, tuvieron una lucha contra el imperialismo hegemónico que entonces como hoy ejemplificaban los Estados Unidos. Los más damnificados pasaron a la posteridad como grandes figuras que a otros de la lista sin embargo les ha sido negado, al menos de momento.

Como todo el mundo sabe, tal rebeldía Allende la pagó cara. No obstante, dejó imborrable para la historia todo un ejemplo de coherencia política y humana que pueden verse en su último discurso.

No sorprende, pues, que los medios critiquen, ultrajen y difamen a los líderes políticos que tanto hoy como hace décadas están promoviendo el justo reequilibrio del reparto mundial de la riqueza a fin de que nosotros perdamos gran parte de lo que desvalijamos en esa parte del mundo nunca olvidada gracias a lo alto que logran alzar la voz esos pueblos reivindicando justicia y soberanía, por mucho que un real deficiente mental ordene lo contrario. Hay algo que sorprende un poco más aunque no demasiado, que la opinión pública —incluso los que consiguen considerarse o auto convencerse por méritos laborales o académicos de ser gente “formada” o “inteligente”—, es decir, la población de nuestra parte del mundo, esa que avasalla y desvalija a la otra parte, entren por la puerta de lo fácilmente criticable, precisamente por eso, porque es fácil. Fijémonos si es sencillo, que ni tan siquiera se precisa de argumentos para enarbolar la crítica o el insulto.

Decía muy acertadamente un tipo que conocí durante la carrera de esos que son tan típicos de café universitario, de esos que gustan más de hablar que de otra cosa, de esos que son revolucionarios de café, haciendo alusión a una conocida y excelente película, “esto es muy fácil, se trata de elegir entre la pastilla roja o la azul”.

Lamentablemente, como ocurría en la película, la mayoría optan por la mediocridad de la segunda, y así va este mundo.

domingo, 20 de julio de 2008

Ciclo de Conferencias


He pasado la última semana en Santander, allí ha tenido lugar la celebración de un Ciclo de Conferencias inscrito en el master de Historia Contemporánea en el que están metidas 9 universidades españolas.

Mucho se ha hablado de Historia estos días en Santander y por mi parte puedo decir que la experiencia ha sido poco menos que inmejorable. El ambiente creado, la atmósfera, la gente que he conocido… todo ha hecho que estos pasados días hayan sido para mí absolutamente memorables. Los casi cien estudiantes que allí nos juntamos y que compartíamos una pasión —mayoritariamente— y amor por la Historia ha hecho que estos cinco días tengan a mi entender la entidad propia de experiencia.

Nos hemos divertido enormemente todos juntos, y es que hubo tiempo para todo, pero además de las copas —o con ellas más bien— la diversión ha venido desde un lugar común por todos compartido: la Historia, sobre la que hemos hablado y hasta cierto punto interactuado; muchos somos los que se sintieron identificados —y por momentos hasta violentados en su más hondo ser— con lo tratado en las conferencias. Aquellos que allí estuvieron sabrán de lo que hablo y es por esto que he elegido este cuadro —a falta aún de fotos— como síntesis de lo allí vivido.

Fue la sesión más conflictiva y para muchos más desagradable, la de Miguel Ángel Cabrera, la que muchos de una u otra forma —entre los que yo me incluyo— más disfrutamos. No por lo que dijera, sino por todo lo que ello comportó y las reacciones que desató. Yo me sentí hasta cierto punto ultrajado, me sentí quizás por primera vez y creo que así puedo decirlo, historiador.

Lo que Cabrera afirmaba como tácito y legítimo, como plausible, ponía en cuestión mi concepción de la Historia y del mundo y afectaba a aquello que yo creo más importante en una persona: las ideas, cuales quiera que estas sean —aunque voy a incluir un dentro de lo razonable que espero que se me permita y entienda.

Creo que ya lo había apuntado en otra ocasión: son las ideas las que conforman al individuo y le permiten desarrollarse, inventarse si se quiere, y adquirir su particularismo dentro de la masa general; aquel que no desarrolle unas ideas carece de algo vital para existir, en tanto que falta de aquello que le da sentido a la existencia, un camino hacia el que dirigirse.

El mural de Rivera creo que representa a la perfección lo que en una charla de apenas una hora se puso en cuestión: la modernidad entendida como el desarrollo coherente y progresivo. La ciencia en el centro, tomada en abstracto, y a su lado, en una esfera, la confrontación de las ideas o modelos confrontados, flanqueados, por un lado, por las masas y, por el otro, por el desarrollo histórico, esto es, la confrontación entre clases.

Yo veo este mural y no puedo dejar de ver, si se me permite tal expresión, la Historia pintada, plasmada en todo su desarrollo: liberados unos y represaliados otros, sin dioses unos y con dioses los otros, y arriba la batalla, la “lucha final”. Todo eso es lo que la sesión del jueves puso en cuestionamiento y, claro está, hubo reacciones airadas y encontradas pero enormemente —vistas ahora— estimulantes. Disfruté con la confrontación porque disfruto defendiendo mis ideas, mi forma de entender el desarrollo humano a fin de una esperanza, un anhelo: cambiarlo, darle la vuelta.

Se podrá poner todo bajo cuestionamiento— en el sentido de que siempre habrá alguien, como siempre ha habido, que lo haga— pero qué bonito es ver a un grupo de jóvenes historiadores defendiendo apasionadamente sus ideas, sus concepciones. La Historia será una ciencia, pero posee una particularidad que le confiere ese halo de maravillosidad, el ser la única ciencia que debe hacerse además de con la cabeza, con generosas dosis de corazón y entusiasmo, porque de lo que nosotros hablamos es de personas y de ninguna otra cosa más.

Lo que quiero decir no sé si habrá quedado bien reflejado, pero lo expresa maravillosamente Federico Luppi en la siguiente escena de una excelente película: Lugares comunes. La expresión de la que hablo creo que todos se darán cuenta de cuál es pero la adelanto:

¿Y según vos que tenía que haber hecho? ¿Seguir manejando un taxi, cagarme de hambre, cagarle el futuro a la mujer y a los chicos pero seguir escribiendo?

No traicionarte; seguir haciendo lo que es tu vocación, lo que te gusta, lo que te conmueve

(La cursiva es mía).

miércoles, 2 de julio de 2008

¡Pudimos!


Para que luego digan que el fútbol no levanta pasiones; el domingo 29, día de la victoria, el paseo de la Rambla de Barcelona rebosaba de gente celebrando la victoria de la selección española de fútbol.

La primera victoria en democracia de un título —a excepción de la medalla de oro en los JJOO de Barcelona— y la primera de la historia sin sombra de tongo en el horizonte —se había ganado una Eurocopa con anterioridad, celebrada en España en el año ’64, a la URSS de la que mejor es no acordarse demasiado como así ha sido durante años—.

¿Exaltación del sentimiento nacional, “salida del armario” de los catalanes como comentaban por TB3…? Un poco quizás un término medio sería lo ideal a mi parecer. Resulta que Barcelona está llena de inmigrantes y creo que ninguno de ellos dejó en su casa la camiseta de la selección española, además toda la gente que está de paso por la ciudad y que lo que buscaban mayormente era un “poco” de fiesta, a lo que puede sumarse toda la población de otras zonas de España que residen aquí y los propios autóctonos que, digámoslo abiertamente, pocos son los integristas que iban con Alemania en la final.

Digamos simplemente que el fútbol cumplió su cometido, hacer unión más o menos duradera o ficticia en torno a la bandera. Esto, claro, para la mayoría pero para otros muchos o no se va tan allá, o se va más allá, según se quiera ver.

El día de la semifinal, tras ganar a Rusia, volviendo a casa vi a un chaval con la bandera a modo de capa de la República. Otra gente, por supuesto, llevaba la bandera pre–constitucional —como dicen los periodistas— o del pollo que dice la gente de a pie. Otros simplemente optaron por llevar la bandera hasta la fecha oficial, hasta que caduque y tengan que portar la que se establezca; alguno pensará que por lo menos los otros dos casos tienen dosis de coherencia aunque en el segundo con graves dosis bien de idiocia bien de intolerancia. El caso es que cada uno fue con la bandera de su España.

El hecho final es que se ganó muy brillantemente y sin discusión alguna, siendo el mejor equipo del campeonato y el tener el himno más feo del mundo no ha de enturbiar esto. Hay que tener en cuenta que para muchos el nuestro es el himno más universal, pues cualquiera, indistintamente de su procedencia, es capaz de cantarlo —o tararearlo más bien—. Poco puede decirse después de que a lo largo de la fase final nuestro himno compitiese con el italiano, el alemán o el ruso…

El daño que hacen los sentimientos nacionales sin más trasfondo que el no pensar demasiado y guiarse por sentimientos, pasiones no descriptibles que se escapan a la razón por ser simplemente eso, pasiones, lo muestra con grande clarividencia la foto de la parte superior, en la que podemos ver a la selección alemana e inglesa hacer el saludo romano o también llamado fascista. Unos guiados por una ideología basada en el antirracionalismo, guiada por ese sentimiento nacional hecho a medida de las mentes no muy predispuestas al razonamiento —consciente o inconscientemente—, y otros por lo que sólo ellos mismos sabrán. Quizás fuesen a celebrarlo como sólo los ingleses saben, antes de jugar en lugar de después de haberlo hecho. Quién sabe.

En fin, sea como fuere, triunfó el espectáculo y sería agradable pensar que la exaltación nacional se quedase siempre en lo meramente deportivo, pero creo que va a ser pedir demasiado.

sábado, 21 de junio de 2008

Cambiar todo para que todo siga igual

Está teniendo lugar en Madrid un congreso extraordinario del PP, según se dice, para tratar de poner fin a una crisis en lo más hondo del partido.

Quisiera ser muy breve porque creo que no hay mucho que apuntar y es que se trata de un congreso en el cual no se están registrando —y tras el discurso de Aznar, cargado de contenido soterrado claramente, pero sin críticas mordaces muy evidentes— una palabra de objeción u oposición. Es decir, se ha montado un congreso que va a costar un millón de euros que como diría el otro donde se tiene pues se gasta, y resulta que es para legitimar a un candidato que por mucha vorágine montada tras el chasco electoral, la verdad es que no ha tenido oposición alguna y no se ha presentado un solo candidato a ocupar la presidencia del partido.

Se monta todo este paripé mediático para dar palabras bonitas y de apoyo a un candidato que parecía que era más que cuestionado —y no era para menos— pero que ni siquiera va a tener que pasar por el trámite de ser elegido democráticamente, ya que nunca ha tenido que competir contra nadie a la presidencia de un partido a la que fue designado a dedo por el que fuera entonces presidente del gobierno Jose Mª Aznar.

Luego salen por supuesto delegados diciendo que lo que ha de primar es la democracia interna, cosa que parece ser nunca ha estado muy presente dentro de este partido y todos, absolutamente todos —incluyendo a la extrema derecha que finalmente no ha propuesto candidato alguno— se han conjurado para ganar las próximas elecciones generales al grito del “somos de centro”.

La única duda que me puede quedar es si se han efectivamente conjurado todos para ganar las próximas elecciones aceptando el giro hacia el moderantismo, al menos en lo formal, o resulta que simplemente esta extrema derecha representada en estos momentos, además de por supuesto por Aznar, por Esperanza Aguirre ha forzado montar todo esto para tratar de ya no desestabilizar a Rajoy sino para dar un aviso en el partido, una llamada de atención que vendría a decir “seguimos aquí, tenlo en cuenta” y en medio de toda esta estrategia haya sido María San Gil la pieza sacrificada.

Sea como fuere, esto ha demostrado a la cúpula dirigente hasta dónde llegan sus fuerzas y desde luego, aunque éstas aún se quedan cortas, lo que ha probado a la aparente mayoría moderada, es que no pueden no contar con el sector extremista que se ha demostrado, pese a minoritario, enormemente numeroso e influyente.

Como reza la célebre frase —cuyo autor confieso desconocer—, hay veces que hay que cambiarlo todo para que todo siga igual.

miércoles, 18 de junio de 2008

EUROPA, EUROPA

En los últimos días, se ha vuelto a someter a referéndum lo que se vino a mal llamar Constitución europea hace ya unos cuatro años y que ahora se denomina Pacto de Lisboa y, apenas unos días antes, una comisión europea aprobaba la semana de las 65 horas semanales.

Europa se nos presenta, y así ha sido desde que a España volvió la democracia, como la panacea de las aspiraciones políticas nacionales y casi internacionales. Europa ha pasado a ser principio y fin de todas las cosas y el medio por el cual son asumidas irreversible e irremediablemente tantas políticas comunitarias que no pueden siquiera ser debatidas por “vienen de Europa”, como si ésta fuera un ente del cual emanasen razón, orden y justicia.

Para empezar, habría que preguntarse quién convocó Cortes para redactar un proyecto que primero se vino a llamar “Constitución” y que en el texto figuraban los jefes de Estado de los diferentes Estados Miembro de la Unión entre los cuales figuraban, claro está, los monarcas de las principales monarquías europeas. Y ahora sigue sin saberse quién ha escrito este nuevo Pacto de Lisboa o, mejor, quién lo ha modificado porque el texto actual es una pobre variación sin apenas cambios del primero que fue, recordemos, rechazado. Ahora para evitar dejar nada a la casualidad han decidido “lógicamente” —en palabras del locutor del la Cadena SER del programa Hoy por hoy— aprobarlo a través de los diferentes parlamentos europeos.

El primer escollo ha sido Irlanda, que por Ley está obligado a ratificar este tipo de cosas por medio de Referéndum… y ha salido que no. La pataleta montada por los contertulios de Hoy por hoy fue monumental, como se podía prever fácilmente al calor de los programas inmediatamente anteriores a la dichosa consulta, que ha sido la única en toda Europa.

Para el que dude del reaccionario contenido del Pacto, lo cual sería un largo debate, en las últimas semanas se nos han anticipado un par de perlas en forma de propuestas elaboradas por comisiones como la de aumentar —como cifra tope eso sí— la semana laboral a las 65 horas… creo que sobran los comentarios al respecto. ¿Dónde quedará entonces la vieja demanda de la semana de las 35 horas de los partidos y sindicatos de izquierda? Bien es cierto que el PSOE perdió o se desligó hace mucho de esta demanda, pero parece que el gobierno Zapatero poco quiere aparentar ya. No sé si este hecho dejará desconcertados a más de un votante de izquierdas del PSOE —lo sea más o menos—, pero a la vista está el giro a la derecha, que es ya un volantazo en toda regla, que está protagonizando.

El cambio de ministros que como denunciaban partidos como IU lo que suponían era un giro al conservadurismo y puede que la presidencia del parlamento sea el ejemplo más claro, con impresentable José Bono que llamó la atención de una serie de expresos políticos —por supuesto todos ellos, o en su inmensa mayoría, vinculados al Partido Comunista— que habían sido invitados a la sesión parlamentaria en lo que se suponía era un reconocimiento y una especie de homenaje a la tan silenciada gubernamentalmente, labor que todos ellos tuvieron en la lucha contra el franquismo y por el advenimiento de la democracia en España.

La reforma de la Ley de Inmigración debiera ser también un ejemplo del giro al conservadurismo. Una vicepresidenta que denuncia en tono de mofa una ley del gobierno Berlusconi sobre la inmigración que vendría a criminalizar al inmigrante ilegal y por cuyas declaraciones tuvo que pedir disculpas, pero que luego sale un ministro diciendo que este desencuentro había sido un malentendido puesto que la reforma que pensaba promover el ejecutivo español apenas difería de la del italiano.

Hay quien dirá que claro que diferían y hasta dirá que sensiblemente. Como esto no es así, creo que podrá ilustrarse con la reforma de la Ley de Inmigración que el Parlamento europeo ha sacado recientemente —y que ha contado con el apoyo de los socialistas españoles que han votado junto con liberales, ultra nacionalistas (o sea, extrema derecha) y resto de conservadores— y que, entre otras cosas, permitiría detener y aislar a un inmigrante ilegal hasta un total de 18 meses sin asistencia judicial si no se van antes de siete días por cuenta propia, lo cual supone poco menos que una broma de mal gusto.

La verdad que si esto no es incriminar a alguien no sé que puede ser, porque darle a alguien que persigue con tanta necesidad el salir de su país que hasta asume las grandes probabilidades que tiene de perder la vida en el intento, trato de poco menos que terrorista pues no sé ya qué puede ser. En esta Ley sobre la Inmigración europea se han basado los gobiernos de España e Italia, aunque luego a todos nos parezca —italianos los primeros— que tenemos un presidente que es la vanguardia progresista de Europa e Italia tenga en su ser la “vanguardia” conservadurista. Honroso PSOE progresista este.

La violación por parte ahora del aparato institucional secuestrado —si se quiere— por los designios del capital financiero mundial y europeo es flagrante, los Estados y sus gobiernos guardan silencio y con ello otorgan, los sindicatos o no tienen respuesta o reaccionan torpemente y la población parece estar satisfecha porque lo único que le incomoda de la huelga de los transportistas es quedarse sin leche en el súper más próximo porque esto violenta su derecho a poder consumir libremente leche.

Lamentablemente cada día importa menos las personas y la política de lo social, incluso a las personas que se supone habrían de disfrutar de ello, produciéndose un cambio de prioridades que viene ya de varias décadas atrás pero que ahora ha cristalizado violentamente y que viene a superponer el crecimiento del capital financiero y mundial en términos del PIB sin desglosar a todo lo demás, porque todo debe estar orientado y dirigido, como si de una economía de guerra se tratase, a este sacro objetivo.

Lo que se vislumbraba y vendía a todos nosotros como la “naciente” y revitalizada Europa creo que está más vieja y desgastada que nunca.

sábado, 7 de junio de 2008

De hipocresías y desarrollo sostenible


Siguiendo un poco con el Medio Ambiente —con el cual todos nos hemos comprometido fervientemente— voy a tratar de ir más allá del tema y, en lugar de hablar simplemente de ecologismo, hablar un poco de desarrollo y eso que se viene a denominar desarrollo sostenible.

Todos estamos muy concienciados con salvar el Planeta, de eso no cabe ninguna duda, pero hablar sin más de medioambiente creo que puede ser —además de limitado— peligroso por prestarse profundamente al maniqueo. Nuestros gobiernos recuerdan diariamente —desde hace poco más de dos años si es que llega— que el Planeta no da para tanto y que hay que buscar y encontrar soluciones al problema. Éstas pasan por impulsar políticas medioambientales, no hay más secretos.

Ocurre que hablar de medioambiente sin hablar de modificar la economía puede ser un error de bulto o, quizás y pensando un poco mal, hasta manipulador e hipócrita.

Tendré que explicarme; me he encontrado con un artículo en el diario Público de Carlos Fernández Liria, profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, quien comenta un informe sobre desarrollo sostenible elaborado por Global Footprint Network, el cual revela datos como siempre que se habla y evalúa este tema, alarmantes y reveladores al mismo tiempo.

El informe ofrece un seguimiento de 93 países distintos desde 1975 a 2003, estableciendo una gráfica en la cual, según el nivel de consumo energético de cada país evaluado, lo sitúa en términos consumo y desarrollo sostenible. El gráfico se ofrece en términos comparativos, de forma que marca según la línea horizontal del gráfico el consumo de Planetas Tierra que de media se consumirían si el desarrollo de los distintos países fuese universalmente homogéneo.

El gráfico ofrece un espacio coloreado más o menos amplio que vendría a indicar los índices deseables de desarrollo que debieran registrarse para que ese desarrollo fuera sostenible. Ocurre que, muy desgraciadamente, sólo hay un país que figure dentro del recuadro. El sentido común dice, o debiera decir, que todos los Estados del mundo debieran tener un desarrollo dentro del recuadro coloreado.

España, huelga decir, no es el ilustre país del recuadro pese a tener todo el déficit energético que diariamente se nos dice que tiene, y esto me lleva una vez más a denunciar la tan molesta hipocresía que muestran gobiernos como el nuestro respecto a muchos temas, está claro, pero en este caso y muy especialmente al del ecologismo.

La hipocresía y falsedad del llamado desarrollo sostenible tiene la clave en un punto que lo hace no ser: el capitalismo. Cómo, ningún Estado capitalista del mundo, puede siquiera insinuar que ofrecerá batalla por la sagrada defensa del planeta si no puede pensar en poner freno alguno a las políticas de consumo ni a los que más contaminan, esto es, las multinacionales. Ahora bien, ¿cuál es la clave que desde el Estado neoliberal se oferta? El concienciar a las empresas a reducir sus niveles de contaminación e incentivarlas a adoptar políticas destinadas a cuidar y salvaguardar el medioambiente.

Esto choca frontal y dramáticamente con el sentido común. ¿Cómo un empresa cuya más íntima naturaleza es el lograr y sobrepasar siempre y cada vez más sus niveles últimos de beneficio? Es tal el disparate y es de tan mal gusto como decir —que ya se dijo y se sigue diciendo, aunque con la boca cada vez más pequeña ojos vista la realidad histórica palpable— que es a través de las empresas que puede mejorarse el bienestar social máximo. Cómo pueden empresas como Repsol o Endesa hacer anuncios en los cuales lo único que anuncian es su compromiso con el planeta; ¡una petrolera y una eléctrica! Dos de las empresas que, per se, más contaminan.

La hipocresía, en pos de salvar la cara ante la opinión pública —a lo cual se prestan gustosos los mas media—, ha llegado a límites que sobrepasan el sentido común mínimo aceptable. Sucede que a las empresas automovilísticas el Parlamento Europeo les prohibió explícitamente emplear como política de marketing la designación “ecológico” para sus vehículos por la sencilla razón de que contaminaban menos, pero contaminaban. Eso sí, entre una cosa y la otra, ahora los coches son “eco” pero todos completamos en nuestra cabeza, cada vez que vemos un anuncio, el eslogan con un instintivo “lógico”. Esto es idéntico a cuando a los zumos Bio-Solán se les prohibió poner “bio” porque no cumplían los requisitos para ello; lo cambiaron y ahora son simplemente Bi-Solán, que no significa nada, pero todos seguimos pidiendo biosolanes en las cafeterías, sino fijaros en lo que pone el cartón.

Cualquier podrá comprender, por lo tanto, que las políticas destinadas a cuidar y salvaguardar el medioambiente han de ser precisamente eso, políticas. Las multinacionales se están dedicando al burdo y ofensivo merchandising aprovechando el trasfondo del problema y la preocupación, por cierto muy tardía, del ecologismo. Para colmo de males y por si fuera poco todavía, nadie pone freno, lo prohíbe, lo denuncia o simplemente les marca los límites a las multinacionales; encima habrá que aplaudirles.

Ah, por cierto, para el que no se haya fijado, el único dichoso país del recuadro es Cuba.

El artículo lo explica mejor que yo: ¿Quién cabe en el mundo?

miércoles, 4 de junio de 2008

5 de junio. Día Internacional del Medio Ambiente


5 de junio, Día Internacional del Medio Ambiente y qué mejor forma de celebrarlo y concienciar a la gente haciendo una pequeña recopilación de los spot publicitarios de las empresas más concienciadas con la lucha contra el Calentamiento Global, el Cambio Climático, el Desarrollo Sostenible y, en fin, la salvaguarda de nuestro amado planeta.

La verdad que me tengo que confesar escéptico y, hasta cierto punto, malpensado, porque hasta que pude ver con mis ojos estas campañas publicitarias estaba convencido que las grandes empresas y multinacionales como Repsol, Endesa, Iberdrola… en fin, no sé, cualquier empresa de la industria química, petrolera, del automóvil o energética, contaminaban sin cesar y se despreocupaban alarmantemente por el Medio Ambiente sin que los gobiernos de casi ningún país pusieran frenos ni trabas a ello o, incluso, lo secundaran con políticas como, por ejemplo, no firmar el más que limitado Tratado de Kyoto o, simplemente, no cumplirlo como hace España y la UE al completo.

Pido, por tanto, perdón públicamente porque hoy, y gracias a la publicidad, veo que no es así.

Aquí dejo una relación de los spot de las multinacionales más concienciadas con la lucha contra el Cambio Climático:


ENDESA

IBERDROLA

RENAULT
(este es de antes de que les prohibiesen llamar ecológicos a los coches)


RENAULT
(aquí ya no llaman al coche ecológico, sino “eco2”, por aquello del CO2…)


GAS NATURAL

Nota: el de ENDESA es particularmente ofensivo. Por si alguien quiere hacer selección...