viernes, 25 de junio de 2010

"La UE vigilará a los ciudadanos de opiniones radicales"

Fuente

Entre los logros de la Presidencia española de la Unión Europea, ha pasado prácticamente desapercibida la aprobación de un programa de vigilancia y recolección sistemática de datos personales de ciudadanos sospechosos de experimentar un proceso de “radicalización”. Este programa puede dirigirse contra individuos involucrados en grupos de “extrema izquierda o derecha, nacionalistas, religiosos o antiglobalización”, según figura en los documentos oficiales.

El pasado 26 de abril, el Consejo de la Unión Europea reunido en Luxemburgo abordó el punto del orden del día titulado “Radicalización en la UE”, que concluyó con la aprobación del documento 8570/10. La iniciativa forma parte de la estrategia de prevención del terrorismo en Europa, y se concibió inicialmente para grupos terroristas islámicos. Sin embargo, el documento extiende la sospecha de tal forma y en términos tan genéricos que da cobertura a la vigilancia policial de cualquier individuo o grupo sospechoso de haberse radicalizado. Así, un activista de una organización civil, política o ciudadana, sin vínculos con el terrorismo, podría ser espiado en el marco de un programa que invita a investigar desde el “grado de compromiso ideológico o político” del sospechoso, hasta si su situación económica es de “desempleo, deterioro, pérdida de una beca o de ayuda financiera”.

El documento aprobado recomienda a los Estados miembros que “compartan información relativa a los procesos de radicalización”. ¿Qué entiende la UE por radicalización? El texto debería definir el concepto, pues eso permitiría acotar la vigilancia al ámbito del terrorismo islamista, pero no lo hace. Se insta, por el contrario, a considerar entre los objetivos a todo tipo de defensores de ideas heterodoxas. El acuerdo pone también bajo la lupa policial a ciudadanos que defiendan las ideas radicales clásicas, las de aquellos partidarios del reformismo democrático que tanto bien han hecho a la democracia. Incluso podría aplicarse contra quienes se consideren radicales en sentido etimológico, pues “radical” es, ni más ni menos, el que aborda los problemas en su raíz.

El acuerdo pulveriza el espíritu europeo de tolerancia hacia todas las ideas, siempre que se defiendan mediante la palabra pues, en su afán de prevenir el terrorismo, amplia el abanico de sospechosos hasta diluir la notable diferencia entre los medios con que se defienden las ideas y las ideas mismas.

El programa completo de vigilancia está recogido en un documento anterior, el 7984/10, titulado “Instrumento para almacenar datos e información sobre procesos de radicalización violenta”, de marzo de este año. Casualmente, a este texto se le dio carácter confidencial, y sólo se ha conocido gracias a que la organización de defensa de las libertades civiles statewatch.org ha tenido acceso a él y lo ha hecho público. La ONG denuncia que este programa “no se dirige en primer lugar hacia personas o grupos que pretendan cometer atentados terroristas, sino a gente que tiene puntos de vista radicales, a los que se define como propagadores de mensajes radicales”.

Entre los objetivos del documento secreto figura “combatir la radicalización y el reclutamiento”, e incluye alusiones relativas a la persecución de quienes inciten al odio o a la violencia que sí parecen dirigidas a grupos terroristas o filoterroristas. Sin embargo, éstas resultan innecesarias, pues ya están castigadas en la legislación penal de los países europeos. El texto alude indistintamente a la “radicalización” y la “radicalización violenta”, asociando el recurso a la violencia con todo tipo de ideas extremas o antisistema. El documento invita a los gobiernos a vigilar “los mensajes de radicalización” hasta un punto rayano en la vulneración de la libertad de expresión. El programa invita a escrutar las audiencias a las que se dirigen los mensajes radicales, si éstos apoyan o no la violencia, si existen otros grupos con las mismas ideas que renieguen de la violencia, cómo se transmiten los mensajes radicales, etc.

Al descender al detalle de la vigilancia individual, recomienda investigar incluso los sentimientos de las personas que militen en grupos sospechosos, mediante planteamientos como el que insta a recabar información sobre los “sentimientos de la persona en relación con su nueva identidad colectiva y los miembros del grupo”. Y con preguntas como: “¿Ha hecho la persona comentarios sobre asuntos, principalmente de naturaleza política, usando argumentos basados en mensajes radicales? ¿Ha hecho comentarios sobre su intención de tomar parte en un acto violento?”. De este modo, el acuerdo abre una peligrosa vía de persecución de las ideas, los argumentos y hasta los estados de ánimo.

La reunión en la que se aprobó este programa de vigilancia ciudadana estuvo presidida por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ya que España ostentaba la Presidencia de turno de la UE. Asistió también el secretario de Estado para la UE, Diego López Garrido, así como la mayor parte de los ministros de Asuntos Exteriores comunitarios.

viernes, 7 de mayo de 2010

Col·loqui internacional: 1940 l'any de la victòria del feixisme



Este coloquio tendrá lugar en la Facultat de Lletres de la Universitat Autònoma de Barcelona

12 de maig 2010
10-11.30
Annie Lacroix-Riz (Universitat de Paris-VII)
“França, l’opció de la derrota”

11.30-13
Alejandro Andreassi Cieri (Gerd-Universitat Autònoma de
Barcelona)
“El Partit Comunista Alemany a l’exili i la resistència francessa”

20 de maig
16-17.30
Vincent Parello (Universitat de Montpellier)
“El règim de Vichy i l’exili republicà”

17.30-19
Jose Luís Martín Ramos (Gerd-Universitat Autònoma de
Barcelona)
“Resistir contra Franco al zènit del feixisme espanyol”


Organitza:
Grup d’Estudis sobre la República i la Democràcia (GERD)
Grup de Recerca d’Estudis d’Història Social i Cultural
Grup d’Estudis sobre la República i la Democràcia
Grup de Recerca d’Estudis d’Història Social i Cultural

domingo, 2 de mayo de 2010

"Sobre la situación del diario Público"

Sobre el diario Público

Soy un periodista que trabaja en el diario Público. Por motivos que me parecen obvios, prefiero no firmar con mi nombre este escrito. Aunque muchas de las personas que trabajamos en Público estamos más preocupadas por afrontar una combinación de presión laboral y bajos sueldos, de vez en cuando dedicamos una parte de nuestro tiempo a reflexionar y a discutir sobre el medio al que servimos. Me contento ahora con expresar de manera rápida mi visión de lo que es Público visión que comparto con varios de mis compañeros.

Público nació hace dos años y medio como un proyecto vinculado con determinados círculos próximos al presidente Zapatero. En septiembre de 2007, el momento en que el diario salió, se encontró en una situación difícil, toda vez que Zapatero había medio recompuesto su relación con El País y el grupo PRISA. Esa es la razón principal que explica por qué Público se vio obligado a asumir un cierto distanciamiento ideológico con respecto a lo que PRISA y el PSOE suponían. Ese distanciamiento implicó, de forma casi inevitable, una línea política situada más hacia la izquierda, traducida en el hecho de que Público acabó por atraer a lectores que inicialmente no estaban en su proyecto.

Hay que subrayar, sin embargo, que ninguno de los tres directores que ha tenido el periódico es un hombre de izquierdas. Ignacio Escolar fue el que más que se acercó a esta definición, tal vez porque, al proceder del mundo de Internet, se alejaba saludablemente de muchos de los hábitos nefastos de nuestra profesión periodística. Los dos directores que le han seguido son, en el mejor de los casos, vagamente ’progresistas’.

Lo que acabo de decir es importante porque en Público se ha repetido un fenómeno que no es nuevo. Me refiero a un medio de comunicación que, por razones más o menos casuales, asume una línea ideológica que es gestionada por personas que no creen en ella. En el caso del periódico para el que trabajo, las consecuencias han sido varias. Si, en primer lugar, Público no tiene ningún problema para darle carrete al PSOE (basta con acatar las demandas y presiones que llegan de Ferraz, algo que el diario hace todos los días) y, en segundo, tampoco debe esforzarse mucho para abrirle un poco de espacio a IU (en este caso con una visible vocación de escarbar en sus heridas internas), todo lo que está a la izquierda de IU, incluidos los movimientos nacionalistas de la periferia, le suena por completo a chino.

No sólo eso. Cuando en la redacción se expresa alguna sugerencia en el sentido de romper el círculo vicioso que acabo de retratar, inmediatamente es rechazada, creo yo que no tanto por censura como por incapacidad para entender quiénes son muchos de los lectores del diario. Ningún ejemplo mejor que el de la información económico-laboral, que ignora sistemáticamente que muchos de los lectores del periódico están que trinan con las cúpulas de CCOO y UGT y echan de manos una información que, junto a la que incluye Público, abra horizontes de crítica a los sindicatos mayoritarios. La dirección del periódico está por completo incapacitada, sin embargo, para darse cuenta de esto. También lo está para tomar nota de que muchos de los lectores prefieren guardar las distancias en relación con la fácil idealización del juez Garzón que se manifiesta constantemente en las páginas del diario.

Por otra parte, Público está cada vez más copado por los periodistas. La consecuencia principal es que una información general que casi siempre es muy poco comprometida y crítica se ve completada por las columnas que escriben los profesionales que trabajan en el diario y que al parecer creen que saben de todo. El mismo columnista escribe en Nacional, en Internacional, en Cultura y, si es necesario, en Deportes. En Público se ha reproducido el esquema nefasto de las tertulias televisivas y radiofónicas, en detrimento de la presencia, que en el pasado fue más fuerte, de especialistas de prestigio.

Antes de que alguien me señale que, a pesar de todos estos males, el periódico ha visto cómo sus ventas seguían subiendo, responderé que ello es así ante todo por la calidad de las promociones de viernes, sábado y domingo, que compensa con creces el deterioro del periódico en sí (cada vez se tarda menos en leerlo). Habida cuenta de la pérdida dramática de calidad y del camino ideológico que ha decidido seguir El País, es muy significativo que Público no le esté arañando todos los días lectores al diario del grupo PRISA.

Voy acabando. Lo que en último término me ha incitado a escribir estas líneas es una conversación tensa que escuché hace unos días en la redacción del periódico. Uno de los jefazos (o un jefecillo, porque a ciencia cierta ya no sé dónde está) se quejaba de que nadie le había informado de que Carlos Taibo había dejado de formar parte del Consejo Editorial de Público. También para mí fue la primera noticia de algo que parece haberse mantenido oculto, tal vez para evitar un nuevo escándalo como el que provocó el caso Reig. Me limito a señalar que el mismo periódico que mantiene varias veces por semana en sus páginas la escoria de Ernesto Ekaizer y que acaba de fichar como estrella dominical a Luis García Montero (un baboso integral que se mueve con soltura, a mitad de camino entre el PSOE e IU, por los circuitos del poder y no es capaz de hacer una ’o’ con un canuto a la hora de entrar en terrenos que no son los suyos) se permite prescindir de alguien que representaba una de las ya escasísimas huellas de pensamiento crítico en un diario para el que, por utilizar la expresión de un viejo artículo de Taibo, "la izquierda de la izquierda" no existe. Yo le pido perdón a Taibo en nombre de algunos periodistas de Público que lo apreciamos en lo que vale y auguro malos tiempos en el futuro del periódico.

Abril de 2010


Artículo extraído de aquí

sábado, 1 de mayo de 2010

1º Mayo


Hoy debiera ser, en efecto, un día realmente reivindicativo, y es que motivos no faltan.

miércoles, 14 de abril de 2010

Y como cada 14 de abril...


¡VIVA LA REPÚBLICA!



El herido

Para el muro de un hospital de sangre.

I

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.

La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.

La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.

II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández, Poemas del alma

domingo, 11 de abril de 2010

Del debate en TVE sobre Cuba

Acabo de ver el programa de 59 segundos completo. Tremendo. Menudos tertulianos que mandaron para atacar al régimen cubano: los dos cubanos allí presentes por la parte de la disidencia, defendiendo la política estadounidense contra la isla, diciendo que el bloqueo no existe y que los cubanos no se mueren de hambre “gracias a EEUU”; luego dirán que el imperio no tiene lacayos a sueldo. Jorge Moragas, del Partido Popular, acusando a Willy Toledo de hacer “propaganda comunista”, y divertidos estuvieron por su parte los representantes del PP y PSOE, aquél y Pedro Zerolo respectivamente, que pese a estar en el “mismo” lado de la mesa (aquel de la acusación contra Cuba), no perdieron un momento para sacar los trapos sucios del otro, en un alarde de puro y burdo bipartidismo. Será que el ello es ya algo insertado en su código genético. Por cierto que a Fariñas (disidente en huelga de hambre con quien contactaron telefónicamente) le faltó tiempo para poner su caso en relación con el de Ochoa y su juicio, y no para condenar la sentencia de muerte a éste, sino para decir que no había hecho nada para ser encontrado culpable de narcotráfico.

Puede sorprender, a quienes consideran todo este circo mediático perfectamente normal y justificado, que para no haber una campaña en contra de Cuba (en la que por cierto cayó con el más burdo oportunismo político IU de Madrid), el programa, que constó de 1h. 36’, y en el que hablaron del Gürtel y de la acusación contra el juez Baltasar Garzón (asuntos bastante importantes en el panorama político nacional) estuvo un tanto descompensado. Y es que a Cuba le dedicaron desde el minuto 40 hasta casi el cierre. Muy equitativo, desde luego, y fuera por cierto del alcance de los 45’ a los que aludió la guapísima y pluriempleada presentadora de TVE-1. Por cierto diré que Lidia San José, que merecería, por muchas cosas, un capítulo aparte, para haber firmado la carta del “Yo acuso al Gobierno cubano”, pareció estar bastante poco informada.

Pero supongo que no será tanto el bajo nivel dado por los anticubanos (y digo bien) como que lo que tenían era que argumentar sobre la base de la justificación difamatoria, y así es difícil construir una buena argumentación. A Cuba se le pueden criticar muchas cosas, pero desde luego cuando hablan varias voces que contraponen sus opiniones dejando el monolitismo interpretativo de lado, lo que sale a relucir es una realidad bastante más policromática. Y esto es así porque se pueden emplear datos internacionales que avalan el alto nivel de desarrollo humano alcanzado por la isla que, curiosamente, es el que se empeñan todos los medios en velar.

A Cuba, como digo, se le pueden echar muchas cosas encima, como a cualquier Estado del mundo, y más desde puntos de vista de izquierda, por ser en sí misma un modelo emanado desde postulados socialistas. Pero hablar de condenar a todo un Estado por violentar los DDHH cuando, y siempre según datos de AI por supuesto, es el que menos los viola en su continente, resulta cuando menos ridículo. Plantear acta de acusación sobre este punto desde las argumentaciones del Imperio que rige el mundo y sus principales aliados parece un ejercicio de neocolonialismo bastante evidente.

El programa completo, aquí.

martes, 6 de abril de 2010

De esta manera, la postpolítica subraya la necesidad de abandonar las viejas divisiones ideológicas y de resolver las nuevas problemáticas provistos de la necesaria competencia del experto y deliberando libremente en función de las necesidades y exigencias puntuales de la gente. Quizás la fórmula que mejor exprese esta paradoja de la postpolítica es la de Tony Blair cuando definió el New Labour como el «centro radical» (radical centre): en los viejos tiempos de las divisiones políticas «ideológicas», el término «radical» estaba reservado o a la extrema izquierda o a la extrema derecha. El centro era, por definición, moderado: conforme a los viejos criterios, el concepto de Radical Centre es tan absurdo como el de «radical moderación».
Lo que el New Labour (o, en su día, la política de Clinton) tiene de radical, es su radical abandono de las «viejas divisiones ideológicas», a menudo expresado como una paráfrasis del conocido lema de Deng Xiaoping de los sesenta: «Poco importa si el gato es blanco o rojo, con tal de que cace ratones». En esta misma línea, los promotores del New Labour suelen subrayar la pertinencia de prescindir de los prejuicios y aplicar las buenas ideas, vengan de donde vengan (ideológicamente). Pero, ¿cuáles son esas «buenas ideas»? La respuesta es obvia: las que funcionan. Estamos ante el foso que separa el verdadero acto político de la «gestión de las cuestiones sociales dentro del marco de las actuales relaciones sociopolíticas»: el verdadero acto político (la intervención) no es simplemente cualquier cosa que funcione en el contexto de las relaciones existentes, sino precisamente aquello que modifica el contexto que determina el funcionamiento de las cosas. Decir que las buenas ideas son «las que funcionan» significa aceptar de antemano la constelación (el capitalismo global) que establece qué puede funcionar (por ejemplo, gastar demasiado dinero en educación o sanidad «no funciona», porque se entorpecen las condiciones de la ganancia capitalista). Todo esto puede expresarse recurriendo a la conocida definición de la política como «arte de lo posible»: la verdadera política es exactamente lo contrario: es el arte de lo imposible, cambia los parámetros de lo que se considera «posible» en la constelación existente.

Zizek, Slavoj, “La postpolítica…”, en En defensa de la intolerancia, Diario Público, 2010, pp.33-35.