viernes, 11 de septiembre de 2009

"Estamos poniendo a Barcelona en el mapa internacional de la judeofobia"

Noticia aparecida el El Periódico de Catalunya.

Bueno, la noticia (puede verse) habla por sí sola. No me cae bien este tipo y no me gusta demasiado ni ERC ni sus planteamientos. Tampoco soy un independentista y, pese a no haberme nunca aquí manifestado ideológica ni argumentativamente en contra del independentismo tanto vasco como catalán (o asturiano, gallego y todos los etcéteras que se precisen), no comparto los anhelos, sean de izquierda o derecha, de un país independiente desde el que solucionar según qué cosas o plasmar según qué proyectos más allá de tener un país propio.

Me parecen poco apropiados tanto este tipo de comentarios como todo lo que le rodean, de mano porque traer a esta cantante a la fiesta nacional de Cataluña tiene unas connotaciones precisas, le guste o pretenda negar este lamentable personaje que por mérito propio ha conseguido llegar a ser, si es que alguna vez lo pretendió, por fin, una caricatura de sí mismo. Supongo que no tendrá nada que ver con la elección de la artista el que la Generalitat firmara, hace ya algunos meses, acuerdos comerciales con el gobierno del Estado (terrorista) de Israel. Por cierto que el otro día fui a recoger a un amigo que volvía de viaje al aeropuerto del Prat y en un folleto informativo sobre la nueva terminal de Barcelona, de reciente finalización, en la memoria de las compañías que operan en dicho aeropuerto figuran tres israelíes. Muchas me parece, por cierto, para un país de tan pocos millones y tan escasa extensión. Pero el caso es que a las protestas, cómo no, se responde si van dirigidas contra el Estado de Israel, con antisemitismo, aunque Carod puede llamarlo "judeofobia" si no quiere aburrir a nadie con la misma semántica de siempre.

No pretendo (ni creo que vaya a serlo) ser incisivo o agudo en este comentario, simplemente quería manifestar, tras ver la noticia colgada en el muro del facebook de una amiga que conocí en Palestina, la opinión que tengo de Carod Rovira y su grupo. Personalmente, me parece que los acuerdos entre espectros de izquierda deben hacerse, pero aunque alguno crea que no es motivo este para cuestionarse nada, yo sin embargo opino que ir (y estoy hablando de ICV e IU) de la mano de grupos como Esquerra, cuyo programa de máximos y mínimos es llegar a la independencia de Cataluña por encima de cualquier tipo de circunstancias y que, merced a ello, se pasan sus pretendidos posicionamientos de izquierda por donde puedan, desafiando al derecho internacional y los derechos humanos de paso, apoyando a este particular y deleznable Estado, es motivo suficiente como para mantenerse bien lejos de dicho grupo.

Así que nada, espero que todo el mundo aquí en Cataluña haya tenido una feliz Diada, y a los votantes y militantes de ERC, espero que por un atisbo de moralidad que pueda haber, se les haya atragantado un poco por el lamentable espectáculo de haber traído a la israelí Noa, aunque sólo sea para producir un debate que me parece más bien urgente.

Ah y por cierto, no sé si será culpa de Carod o, más bien, del redactor de la noticia, pero Teherán no es ningún "país".

Una año más, 11 de septiembre

"Mucho más temprano que tarde, de nuevo, abrirán las grandes Alamedas por las que pase el hombre libre para construir una sociedad mejor".

Aún queda un largo recorrido, pero al menos aquí, pese a Torres Gemelas o anhelos de independentismo, todos los 11 de septiembre son el chileno.

Por cierto, que nadie que tenga la oportunidad deje de asistir este domingo 13 a la Cubierta de Leganés a ver a Evo Morales.

Evo Morales en Madrid

sábado, 15 de agosto de 2009

Ánimo. No te rindas nunca. Saldremos adelante.


Este artículo es un extracto adaptado de un trabajo que realicé para una asignatura que tuve de historia del cine. La temática por mí elegida fue una síntesis sobre el movimiento obrero en el cine del siglo XX; para ello, seleccioné cuatro películas que juzgué representativas y entre las que se encontraba Tiempos modernos.

Esta magnífico filme, inspirado en A nous la liberté, de René Clair, resulta ser el alegato de Chaplin no contra la modernidad sino contra el esclavismo y la dependencia con que el maquinismo somete al hombre; una reivindicación no tanto socialista como profundamente humanista. Compleja allá donde las haya, Tiempos modernos no puede ser comprendida fuera del contexto en que fue hecha.

Para empezar, la situación social europea y estadounidense era crítica allá por 1936. Apenas dos años antes, en marzo de 1929 se había producido el mayor crack bursátil de la historia, lo que conllevaba asimismo una gran crisis económica que había afectado enormemente a las condiciones de vida de las capas inferiores de la sociedad. Pero no sólo esto; otros dos años antes, en 1927, se estrenaba la primera película sonora de la historia, El cantor de jazz. Si bien escépticos al principio, para 1936 era ya manifiesto el éxito que el sonoro tenía.

A Charles Chaplin, sin embargo, le horrorizaba escuchar su voz en la pantalla y fue enormemente reacio a producir y protagonizar una película sonora. Pero Tiempos modernos, si bien no es una película muda, aún menos lo es hablada. Los actores interpretan sus respectivos papeles sin hablar una sola palabra, dejando el audio para la música y los sonidos agresivos, como las órdenes del jefe de la fábrica.

El problema del sonido en el filme es complejo. Si bien Chaplin era reticente a hablar ante la cámara, la evolución respecto de su anterior trabajo, Luces en la ciudad —1931— es muy evidente y sus primeras palabras ante ella serán las de una canción ininteligible.

Pero no sólo iba a evolucionar Chaplin en lo cinematográfico. Si bien sus anteriores películas ya habían registrado un profundo sentimiento humanista, la evolución en este sentido es evidente. Su personaje simboliza, de forma universal, una defensa, un alineamiento con los desvalidos, aún mayor de lo que lo había supuesto con anterioridad. En el filme puede apreciarse una conciencia y sentir humano aún carente de una ideología definida, pero que deja entrever algo.

En los créditos iniciales, se dice que Tiempos modernos «es una película sobre la industria y la cruzada por la felicidad» y por primera vez, su personaje no figura ya como «el vagabundo», sino como «un obrero de fábrica». Así pues, Chaplin reacciona contra el mundo presente, no está en contra de la industrialización pero sí de la deshumanización en las relaciones sociales y laborales que ésta está produciendo. La condena al taylorismo y al fordismo se deja sentir explícitamente. En la primera escena, un rebaño de ovejas cruza la pantalla; hay una oveja negra. Fundido en negro. Un grupo de obreros sale a riadas de la fábrica; uno de ellos es Charlot. La asociación es inevitable; una yuxtaposición irónica, efectiva y, sobre todo, escalofriantemente realista.

La escena de la protesta, en la que Charlot va a coger una bandera roja que encuentra en el suelo y, accidentalmente, pasa a encabezar la misma, hace sustituir a los sueños que tenía en anteriores películas para, por primera vez, hacer al vagabundo acercarse y tomar parte de la realidad y problemática sociales. Sin embargo, aún no está preparado para asumir una acción voluntaria y consciente. Al dar este paso, en su siguiente película —El gran dictador—, su personaje desaparecerá. No obstante, y pese a lo dicho anteriormente, la película deja entrever posicionamientos más o menos radicalizados en la forma de pensar de Chaplin, puesto que, aunque Charlot sea incapaz de ir más allá de la acción individual, hay que ver que tras la escena de la protesta la policía lo encierra en la cárcel por considerarlo el cabecilla, lo que supone una clara condena de la represión clasista.

Valga con argumentar que el propio Chaplin barajó otros dos posibles títulos, luego descartados. Uno era 54632 —el número de un obrero fabril cualquiera—, pero el otro resulta profundamente revelador: Las masas. El cineasta está evolucionando ideológicamente, quizás por ello, su vagabundo ya no puede cumplir el rol para el que fue creado. El personaje era, como Chaplin, profundamente humanista pero Tiempos modernos es una evolución, un radicalismo ideológico que le hace reaccionar de un modo mucho más agresivo ante el mundo que le rodea.

La imagen que más arriba puede verse corresponde al plano final de la película. Éste era, curiosamente, el final alternativo; en el a priori definitivo final, Paulette Goddard, la muchacha que le acompañaba en la película, se hacía monja y Charlot, como siempre, reemprendía solo el camino. Ese final se rodó, sin embargo, Chaplin prefirió cambiarlo por otro más alegre y esperanzador. En él vemos por última vez al vagabundo Charlot caminando hacia el horizonte pero, por vez primera, no marcha solo. Por fin ha encontrado una compañera con la que irse hacia lo que suponemos un futuro más optimista y mejor. Ya no es ese solitario personaje, quizás porque ya sabía que tras la película desaparecería.

En esa última escena, Goddard aparece llorando, vencida ante una realidad que les rechaza y contra la que siente no puede ir. Aquí, el que va a ser el último diálogo mudo de Charlot, está cargado del espíritu que lo había caracterizado. Se acerca a ella, la consuela, parece decirle que no llore. Ella alza la mirada y pregunta: —¿Para qué continuar?

A lo que responderá: —Ánimo. No te rindas nunca. Saldremos adelante.

domingo, 2 de agosto de 2009

Preguntas de un obrero ante un libro

Preguntas de un obrero ante un libro

Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china,
¿adónde fueron los albañiles? Roma la Grande
está llena de arcos de triunfo ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan cantada,
¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa
Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban
pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India
¿El sólo?
César venció a los galos
¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse
su flota ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años
¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página
¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años
¿Quién paga sus gastos?

Una pregunta para cada historia.


Bertolt Brecht

lunes, 20 de julio de 2009

"Sabían y ayudaron un poquito"

Dejo aquí este artículo sobre el golpe en Honduras que firma que Juan Gelman.

Juan Gelman
Jueves, 16 de Jul de 2009. 2:30 pm
La Casa Blanca conocía desde hacía meses el golpe que se preparaba en Honduras, aunque ahora los voceros del Departamento de Estado finjan una inocencia sorprendida. El actual embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens, lo sabe muy bien: el 12 de septiembre de 2008 llegó al país centroamericano y, nueve días después, el ahora golpista general Romeo Vásquez declaraba por la emisora HRN que lo habían buscado "para botar del gobierno al presidente Manuel Zelaya Rosales" (www.proceso.hn, 21-9-08). Agregó: "Somos una institución seria y respetuosa, por lo que respetamos al Señor Presidente como nuestro Comandante General y nos subordinamos como manda la Ley". Igualito que Pinochet antes de alzarse contra Salvador Allende. Cualquier semejanza es apenas obra de la realidad.

El 2 de junio de este año, Hillary Clinton acudió a Honduras para participar en una reunión de la OEA. Entrevistó a Zelaya y le manifestó su disconformidad con el referéndum que el mandatario planeaba llevar a cabo simultáneamente con las próximas elecciones presidenciales. Funcionarios norteamericanos señalaron que "no creían que ese plebiscito fuera constitucional" (The New York Times, 30-6-09). Seis días antes del golpe, el diario hondureño La Prensa informaba que el embajador Llorens se había reunido con políticos influyentes y jefes militares "para buscar una solución a la crisis" causada por el referéndum (www.laprensahn.com, 22-6-09). La "solución" encontrada es notoria.

Es difícil suponer que los mandos militares de Honduras, armados por el Pentágono y formados en la Escuela de las Américas, que a tantos dictadores latinoamericanos les enseñó cómo hacerlo, se hayan movido sin el acuerdo de sus mentores. Por lo demás, los golpistas no ocultaron las razones de su acto: Zelaya se estaba acercando demasiado al "comunista" de Chávez, el venezolano más odiado por la Casa Blanca: en julio de 2008, bajo su mandato, Honduras adhirió a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), el nuevo "eje del mal" en América latina. Demasiado, ¿verdad?

Demasiado, sí, porque Honduras es territorio estratégico para el Pentágono, que desde la base de Soto Cano, donde se estacionan efectivos de la fuerza aérea y de la infantería estadounidenses, no sólo domina América Central: este verdadero enclave es fundamental en el esquema militar de EE.UU. para una región rica en recursos naturales. Aunque nunca tocó los intereses de las corporaciones extranjeras ni de los dueños locales del poder económico, Zelaya constituía un peligro de "desestabilización". Cabe señalar que el referéndum sobre la convocatoria o no de una Asamblea Constituyente que podría permitir la reelección de Zelaya no era vinculante. Nadie se molestó en Washington por la reforma constitucional que permitió en Colombia la reelección de Alvaro Uribe, gran aliado de EE.UU., que ni siquiera fue plebiscitada. Es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Los golpistas hondureños son impresentables. El general Romero Vásquez Velásquez, echado por Zelaya, de regreso con el golpe y autor del secuestro y expulsión del presidente, fue alojado en la penitenciaría nacional en 1993 junto con otros diez miembros de una banda acusada de robar 200 automóviles de lujo (www.elheraldo.hn, 2-2-93). Era entonces mayor del ejército; como general, se dedica a robar un gobierno elegido en las urnas. Otro impresentable es el ministro consejero Billy Joya, que no hace honor a su apellido (o sí, según se mire): fue jefe de la división táctica del batallón B3-16, el escuadrón de la muerte hondureño que torturó y "desapareció" a numerosas personas en los años ’80. El "Licenciado Arrazola" –uno de sus alias– es un experto en la materia: estudió los métodos de las dictaduras argentina y chilena (www.michelcollon.info, 7-7-09). Son antecedentes conocidos, pese a lo cual, o por eso mismo, fue elegido para formar parte del régimen golpista, tan democrático pues.

La represión en Honduras continúa. El jueves de la semana que pasó fue detenido el padre de Isis Obeid Murillo, el joven de 19 años asesinado por el ejército en el aeropuerto de Tegucigalpa: tuvo la peregrina idea de exigir públicamente justicia para su hijo (www.wsws.org, 11-7-09). Los salvadores de la democracia expulsaron a periodistas de Associated Press, desaparecieron de la pantalla al Canal 21 y efectivos armados ocuparon el canal 36 (Miami Herald, 1-7-09). Es la concepción de la libertad de prensa que caracteriza a los golpistas.

La Casa Blanca sigue blanda con lo que calificó de "acto ilegal". Hillary se niega a llamarlo "golpe de Estado" porque eso implicaría automáticamente el cese de la ayuda económica y militar estadounidense a Honduras. Las conversaciones sobre un arreglo pacífico que tienen lugar en Costa Rica, en las que el presidente Oscar Arias actúa de mediador a pedido de Obama, son una farsa. Pero tienen un costado importante: entrañan un reconocimiento oficioso del régimen impuesto. Arias ya anunció que tratará de "presidente" tanto al golpista Micheletti como al mandatario elegido en las urnas y depuesto. Esto sí que es ecuanimidad.

Y algo de información multimedia: aquí os dejo a Walter Martínez; un jefe.